Diario de León

EL CORRO

Como cubrirse la cabeza sin destaparse los pies

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PEDRO VICENTE
León

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S i el nuevo mapa municipal configurado en España se parece muy poco al anterior, mayor es si cabe la transformación registrada en el mapa autonómico. El 24M ha deparado un vuelco político nada menos que en siete de las trece comunidades autónomas en las que ha habido elecciones. Y al igual que ha sucedido con los ayuntamientos, el PSOE ha sido el gran beneficiado por unos pactos en los que ha pesado más el objetivo común de desalojar al PP que la afinidad programática de los que se han conjurado para ello.

De hecho, Podemos, cuyo voto ha resultado decisivo para decantar del lado socialista las comunidades de Valencia, Aragón, Extremadura, Castilla-La Mancha, y Baleares, ha prestado sus escaños exigiendo determinadas condiciones, pero sin implicarse en pactos de gobierno o de legislatura. Aproximadamente lo mismo que ha hecho Ciudadanos en las cuatro comunidades, Madrid, Castilla y León, Rioja y Murcia, en las que su voto permitía seguir gobernando al PP. Aunque en aras de la gobernabilidad, a los emergentes no les ha quedado otro remedio que apuntalar el bipartidismo, lo han asumido como mal menor y tratando de contaminarse lo menos posible ante unas elecciones generales que están prácticamente a la vuelta del verano.

Pensando en ellas ha retocado el PP su dirección en una especie de «renovación por adicción», que, sin sacrificar a ninguna de las vacas sagradas, trata de presentar una cara más amable al electorado. Falta por saber si Mariano Rajoy ampliará la operación cosmética a su gobierno o lo mantendrá tal cual lo poco que le queda a la legislatura. La que tiene muy clara Rajoy es su idea-fuerza ante la próxima confrontación electoral: El PP es el único partido fiable y capaz de consolidar la recuperación y el crecimiento, amén de la España constitucional, frente a la deriva en que ha entrado el PSOE tras sus pactos con los «radicalismos». Una mezcla entre «El España se rompe» y «Nosotros o el caos». El problema para el PP es que entre esas dos supuestas Españas está la que propugna el ciudadano Albert Rivera.

El PSOE no ha tardado un minuto en captar por donde le van a venir los tiros y ha reaccionado de manera fulminante. La respuesta ha sido la enorme bandera rojigualda que dominaba el escenario de la proclamación de Pedro Sánchez como candidato a la presidencia del Gobierno. Si el PP ha acometido una mera operación cosmética, los socialistas han decidido cambiar la escenografía. Queda por ver si unos y otros conseguirán taparse la cabeza sin descubrirse los pies.

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