Diario de León
Publicado por
juan carlos franco
León

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S i Spielberg se hubiera interesado por ellos, habría que haber apartado Las Médulas para que el paraje romano no estorbara a la hora de hacer hueco al parque temático que se hubiera levantado en el entorno del yacimiento paleontológico de Salas de la Ribera. Sin embargo los bichejos minúsculos, graptolitos les llaman, no les interesan a nadie. No dan bien en cámara. Ni provocan lágrimas fáciles, ni asustan. En definitiva, eran perfectamente prescindibles.

A su desgracia de ser seres diminutos, no digo que bobalicones —de hecho hace cuatrocientos millones de años ya demostraron más inteligencia de lo que en la actualidad se le supone algún ser humano— pero sí poco resultones, sumaron una serie de contrariedades que les han devuelto a la oscuridad de la que los habían sacado los caprichos de la naturaleza.

Tuvieron la desgracia, en primer lugar, de caer en una tierra como el Bierzo, ‘tan sobrada’ de elementos únicos y diferenciadores. Una tierra en la que, sin embargo, los municipios, y sobretodo sus representantes públicos, no dudan de tirar de navaja para disputarse cualquier sarao, cuanto más rancio y casposo mejor, para atraer al turista fácil, mientras ignoran las virtudes de lo que se traen entre manos. Luego se dieron de bruces con una burocracia tan rancia como aniquiladora, y en la que sus brazos ejecutores anteponen, a salvaguardar parte de nuestra historia, su interés de no mover el status quo actual —lo contrario cuesta esfuerzo y dinero, y si lo último no abunda estos años, a lo primero, hace tiempo que, en según qué sitios, no se le ve el pelo— .

Porque aunque aleguen que el yacimiento de Salas no merecía la catalogación de BIC por no haber sido el hombre parte activa del proceso, lo cierto es que esos bichejos han influido en ser lo que somos, por lo que sí se merecían un mayor respeto y atención por nuestra parte. Y tampoco me imagino a los que ahora echan balones fuera para no asumir su responsabilidad haciendo lo mismo si lo que se hubiera localizado en ese yacimiento fuese un hueso de Velociraptor o un coprolito de T-Rex —para que luego digan que el tamaño no importa—.

Pero como sí importa, y ésta ha sido una gran coprolita (cagada) ya va siendo hora de que se asuman responsabilidades. Y si quien tiene que hacerlo, no lo hace, que de poner orden se encarguen sus superiores.

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