AL TRASLUZ
Incluso el agua
S i las polémicas de Madrid llegan a provincias con semanas de retraso, entonces, ha de estar ya al caer la de los nombres de las calles alusivas a la guerra civil o al franquismo. La Ley de la Memoria Histórica hay que cumplirla. Y no por ello no hay que ser faltoso, hiriente o provocador. Hágase en cada caso lo que proceda, sin más estruendos. Cuando llegué a León, en septiembre, 1985 Gran Vía de San Marcos aún era José Antonio. No recuerdo que con aquel cambio en el callejero ardiese Troya, todo lo más algún ardor de estómago. En el XIX, este suceso habría inspirado a Galdós toda una serie de sus Episodios. La semana pasada me invitaron a cenar en Armunia, en la calle Millán Astray. ¿Debí desestimar la invitación y alegar de que sólo como cecina en restaurantes ubicados en lugares con denominación de origen democrática? Lo cierto es que choca encontrársela allí, como un islote. El general gritó «¡viva la muerte, muera la inteligencia», en aquel acto en la Universidad de Salamanca en el que Unamuno le contestó: «¡venceréis, pero no convenceréis!». El escritor le recordó que también Cervantes fue mutilado de guerra y no vociferó tal atrocidad. Con la inteligencia muerta o moribunda no hay forma de orientarse. Y qué mejor linterna que el perdón, forma suprema de la inteligencia. Por lo demás, todo muy rico, incluso el agua.
También me resulta incomprensible que don Mendo no tenga calle en León, si es de aquí (como él mismo proclama en la jornada segunda) y la acción transcurre en el reinado de nuestro Alfonso VII. Su creador, Múñoz Seca, fue fusilado en Paracuellos, en noviembre de 1936. No le dieron tiempo a ser franquista. Maldita guerra civil, la menos quijotesca de nuestras locuras colectivas.
Retírense del callejero todo lo que no se ajuste a la legalidad vigente; nadie debe sentirse ofendido, si se hace sin deseo de ofender. Para ser eficaz y ejemplar, la gestión política no puede renunciar al tacto. Y dedíquese una calle al leonés don Mendo. Fue de puñal fácil, pero es que en el medievo llevaban todos los leotardos demasiado apretados. Eso sí, la próxima vez, si ha de demostrarnos qué menda es don Mendo, que se aliste en el Tercio; en éste de ahora, claro, no en aquel.