Diario de León
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ANTONIO MANILLA
León

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La crisis griega tiene de entrada muy mala salida, pero dejar el euro no es dejar Europa salvo que confundamos lo temporal con lo eterno, la situación con la condición o el accidente con la carrera. O una coyuntura económica, por merecida que sea, con la estructura del sistema. La dialéctica, que nació en Grecia, nos indica que tal vez sea posible hallar una síntesis. Cortar la pierna al enfermo tiene que ser el último de los recursos, sobre todo cuando se acaba de hacerle el torniquete.

El Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y los políticos de Bruselas están proponiendo medidas draconianas al gobierno de Tsipras. De los dos primeros se podía aguardar algo así pues lo suyo son los fríos balances, aunque tal vez ignoren que Dracón era un arconte ateniense, pero de los eurodiputados cabía esperar soluciones políticas, es decir, que tuvieran en consideración al pueblo. Que los leones pretendan aplicar la ley de la selva, que es la del más fuerte, tiene un pase, pero que lo hagan con la aprobación de la manada de ñus y con la aquiescencia de los antílopes no se ha visto ni en los documentales de la siesta.

La privatización de todo lo privatizable va a acabar con Grecia, como es lógico, en manos extranjeras: las del capital internacional. Por la soberanía de las generaciones futuras, me atrevo a proponer una idea que es muy antigua. En Esparta lo hacían y Platón siempre se mostró muy partidario de ello. Me refiero a nacionalizar a los hijos: quitárselos a los progenitores y entregárselos al poder para su educación y gestión con los criterios empresariales de la época.

Una sociedad de huérfanos, venía a pensar el filósofo griego, sería más viril y menos ñoña que una crecida a las faldas del amor materno. Los espartanos, de los que Homero nos dice en la Odisea que tenían las más hermosas mujeres, cosechaban fama de preparar a los retoños para el combate desde su más tierna edad pero uno sospecha que en realidad querían que las bellas espartanas no se excusaran más con eso de que «el niño está llorando». Pura y simple evolución de las especies, seguramente fue en Esparta donde nació esa fiebre del sábado noche que es la migraña femenina. Nos falta esto, mismamente unas líneas que aparezcan en algún documento de la universidad de al-Azhar, para apuntalar nuestra hipótesis y convertirla en tesis.

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