PANORAMA
Nueva política
L a nueva política, cristalizada en las formaciones emergentes Podemos y Ciudadanos, no ha sido el fruto de un surgimiento espontáneo o el resultado de alguna imprevisible mutación: es la consecuencia de la crisis o, mejor dicho, de una deriva del sistema socoeconómico hacia parajes de una gran inequidad que los grandes partidos instalados en el sistema no han querido o no han sabido remediar. La situación que, después de una larga etapa de bonanza que puede extenderse a toda la etapa democrática, y particularmente al periodo iniciado en 1996, ha provocado este cataclismo político es objetivable: según el INE, en el verano de 2015 el 22,2% de los ciudadanos vive por debajo del umbral de la pobreza -7.961 euros anuales-, porcentaje que se eleva al 30,1% en los menores de 16 años. Estos datos, unidos a un desempleo que rebasas el 23% de la población activa y a la aplicación de políticas claramente desreguladoras que reducen la protección social de los ciudadanos —copagos sanitarios, merma de los derechos laborales, etcétera— explican a las claras el malestar general, el descrédito de las instituciones y la demanda de nuevas ofertas ideológicas y políticas.
La eclosión de las nuevas organizaciones políticas ha sido sin embargo tardía, y aunque aún se dejan sentir los grandes efectos adversos de la crisis -los indicadores siguen siendo terribles, como se ha manifestado más arriba-, es innegable que ya se ve cierta luz al final del túnel, lo que ha rebajado el grado de crispación social y, por consiguiente, se han reducido las oportunidades de los recién llegados a la ceremonia pública. De hecho, tanto en las elecciones andaluzas como en las municipales y autonómicas, Podemos y Ciudadanos han quedado relegados tras PP y PSOE, que mantienen una posición hegemónica aunque conjuntamente apenas rebasen el 50% de los sufragios.
El futuro no está obviamente escrito, pero es claro que hay dos opciones alternativas: o se asientan y consolidan los nuevos partidos y van desplazando a los tradicionales, o éstos recuperan el tono y la fuerza, en cuyo caso perdurará el bipartidismo imperfecto que ha venido funcionando desde la llegada de los socialistas al gobierno en 1982. Lo que vaya a suceder dependerá de dos factores: por un lado, de la evolución de la economía y la habilidad de los partidos hegemónicos para revertir la gran desigualdad acumulada; por otro lado, de los primeros pasos de los nuevos partidos en ls instituciones que han comenzado a ocupar. De momento, las formaciones radicales se han hecho muy visibles en las grandes ciudades: Barcelona, Madrid, Zaragoza, Valencia. Y Ciudadanos, en algunos comunidades en que su peso es determinante. Todos los ojos están atentos a la evolución de estos experimentos, que serán clave en la decisión trascendental que vaya a tomar este país en las próximas generales. Ambas posibilidades están abiertas.