Diario de León
Fernando Jáuregui

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E spero en cualquier momento algún tipo de resurrección política de Pedro Sánchez. No acabé de entender que el secretario general del PSOE renunciase a la habitual réplica paralela a la anodina rueda de prensa de Mariano Rajoy en La Moncloa el pasado día 31, y tampoco capto muy bien las razones que han aconsejado el silencio del líder de la oposición cuando, tras haberse entrevistado el pasado viernes con el Rey, el presidente del Gobierno abrió la puerta a una futura reforma constitucional, que es lo que el PSOE viene predicando desde bastante antes de que Sánchez se convirtiese en el secretario general del partido, hace todavía un año y pocos días.

Despachar el tema, como los socialistas han hecho, diciendo que la de Rajoy es una propuesta «electoralista», me parece claramente insuficiente. Decepcionante: si no fuese por el electoralismo, andaríamos aún en la época del derecho de pernada. Menos mal que, a continuación, algunos portavoces de Sánchez —que no ha dicho esta boca es mía— han añadido que ahora debería crearse algún tipo de subcomisión en el Congreso (¿o en el Senado, para que la Cámara Alta haga algo útil?) para estudiar sin demora en qué están de acuerdo y en qué en desacuerdo los dos principales partidos del arco parlamentario en lo tocante a las modificaciones a introducir en nuestra ley fundamental. Hace bien el PSOE en urgir el procedimiento, independientemente de que, a finales de octubre, las cámaras legislativas vayan a quedar disueltas por la convocatoria de elecciones generales. En todo caso, en los próximos días, con el debate presupuestario, los pasillos del Legislativo volverán a verse animados.

Muchas veces he repetido en columnas y tertulias varias que pienso que Pedro Sánchez tiene muchas posibilidades de ser el próximo primer ministro de España; quizá más posibilidades que el propio Rajoy, a quien las encuestas destrozan en lo personal pero salvan como líder de un PP que ganaría, pero seguramente no podría gobernar. A Sánchez hay que reconocerle enormes avances en el año que lleva al frente del partido: Felipe González, Zapatero, la vieja guardia y, sobre todo, Susana Díaz y los barones autonómicos callan y le dejan hacer. Pedro Sánchez es una apuesta de futuro, crecientemente combatido desde los sectores ligados al PP, tiene muchas responsabilidades contraídas con los ciudadanos. Y no, no se puede permitir el veraneo total en un mes como este agosto, que es el preludio de tantas cosas no necesariamente buenas (ni, si miramos la botella medio llena, tampoco necesariamente malas). Ignoro qué estrategia prepara para lanzarse a la batalla preelectoral que, contra lo que parecen creer en los predios de Ferraz, no comienza el 1 de septiembre: ha comenzado ya hace tiempo, y Rajoy, por ejemplo, parece que bien lo ha percibido. ¿Dónde está Wally Sánchez? Me dicen que preparando alguna comparecencia informativa. A ver qué tiene que decir.

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