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CAMINO GALLEGO
León

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D esde que comprobé el éxito y buen hacer de los gastrobares más allá de nuestras fronteras (destacar los de Upsala y Gotteborg; La Boquería es otra cosa y el madrileño Mercado de San Miguel, a pesar de todo, tiene sus horas bajas) siempre he querido escribir sobre su implantación en nuestra ciudad. El Mercado del Conde es, sin duda, el lugar apropiado. Por muchas razones, pero especialmente por la zona donde se encuentra. Los visitantes del Húmedo (todos los turistas se dan una vuelta) tendrían otro lugar donde poder sentarse a descansar y tomar algo, fuera de las calles ruidosas y atestadas. Por eso me congratula que el Ayuntamiento haya pensado en ello. Se dará salida a un mercado que ha dejado de atraer como antaño, que tiene una estructura perfecta y preciosa que debe mantenerse.

Otro tanto le ocurre a la estructura de la vieja estación de Renfe en la calle Astorga. Es el lugar que el Ministerio de Fomento quiere dar salida y me parece bien, pero no creo que los gastrobares sean lo suyo. Hay que conocer la ciudad para saber que el Bernesga siempre ha sido una barrera infranqueable y que los de este lado sólo atravesamos el puente para ir al Palacio o al estadio, para viajar por tren o autobús, si se va a la feria por San Juan, a un entierro o si se tiene algo con la Justicia. Ni más, ni menos. Se cuentan con los dedos de la mano las veces que un leonés de este lado del Bernesga cruza los puentes si no es para alguna de las cosas antes citadas o porque tiene familia que vive allí. El Crucero (zona más próxima a la estación) no es lugar para el paseo, ni para los vinos, es barrio de inmigrantes después de que los ferroviarios hayan disminuido su preponderancia. No se suele pasar el puente en verano por el calor y en invierno por el frío y como de la gente del barrio no van a vivir esos gastrobares ¿qué futuro les espera, si el Ministerio se empeña en sacarlos adelante?

Sinceramente creo que es un error, un gran error, utilizar la vieja estación para esos menesteres. Hubiera sido el lugar ideal para un auditorio o gran espacio para conciertos, exposiciones, un término medio entre el Palacín (de él nunca más se supo) y el funesto Palacio de Congresos, que no necesitamos. Con la vieja estación restaurada y acondicionada habría bastado. Se hubiera gastado mucho menos dinero y la diferencia podría usarse para dar salidas laborales a tanto parado. Pero eso sería pensar y hacer algo útil...

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