CORNADA DE LOBO
Campu d’aviación
D e mi temprana memoria viene llamar «campo de aviación » al altozano paramero de La Virgen del Camino donde los aeroplanos comenzaron a ser familiares para los leoneses ya en 1929.
Eso de ver en vuelo bajo la barriga del avión y hasta el bigote del piloto siempre daba mucha emoción y la gente se paraba escudriñando el cielo cada vez que oía el inconfundible rugido roncón de aquellos primeros biplanos... después fueron unos cazas pedorretos y dos o tres junkers alemanes que volaban cansinos y raseaban casi peinándonos cuando estábamos de guajes en los campos de deporte del colegio de los dominicos que hay en ese pueblo donde todos decían también «campo de aviación » al referirse a aquel conjunto de cuarteles, hangares y pista de aterrizaje que al poco se señalizaba en la carretera como «aerodromo »... después lo llamaron más altanera y militarmente «base aérea », lo que permitiría colar su pequeñez en ese título que evoca torrejones o morones... y antes de acabar el siglo XX se empeñaron en hacerle cositas para poder llamarlo «aeropuerto », ándele-ándele, combinando su uso militar y civil... con un par... el resto de la historia ya la conoce el lector escéptico que, al enterarse el otro día que los aeropuertos de Burgos, Salamanca y León quieren ponerse de acuerdo en algo para salir de sus atolladeros, esbozó una medio-sonrisa estirando sólo una comisura que revelaría un medio-contento si no fuera mueca escaldada.
Lo del aeropuerto de León fue una mentira piadosa ya de principio, más ganas de creérselo que razón de ser. Y el obrón que le metió finalmente Zapatero al de La Virgen cuando éramos ricos aerotransportados fue otra trola de diseño y un pasarse de pueblo... o un coitus interruptus, matizó Sócrates, que oyó sin abrir la boca nuestras divagaciones hasta decir eso del coitus y urgir después al llingüismu cazurru a que exija, ¡pero ya!, que en los indicadores de carretera se ponga «campu d’aviación » debajo (o encima) de «aeropuerto », pues es su nombre original y normalizaría así la ruidosa evidencia de que el lleounés-llionés-lleonés-leonés impera y pide su sitio.