FRONTERIZOS
En autobús a la gallega
L as apariencias engañan, salvo en Galicia, donde las apariencias son realidades paralelas que afectan, por ósmosis, a este territorio ensimismado al que decidimos llamar Bierzo.
En Un espía en el Reino de Galicia , Manuel Rivas acomete la ardua tarea de definir a nuestros vecinos del oeste. Para ello, en vez de combatir los tópicos, Rivas entra en ellos como elefante en cacharrería y los desmonta —o los confirma: con un gallego ya se sabe que nunca se sabe— por elevación.
«Lo que realmente le gusta al gallego es ir en autobús, y que éste haga muchas paradas», sostiene. Y le gusta porque así es la vida: «un autobús de viajeros que va haciendo paradas y que de vez en cuando se avería, y es entonces, cuando se avería, cuando verdaderamente empieza el viaje».
El que no haya viajado en autobús por Galicia creerá que esta afirmación no pasa de ser un recurso estilístico de escritor socarrón o un guiño al Viaje en autobús , de Pla, aquella obra maestra del campechanismo literario. Error.
Por un módico precio, hay empresas de transportes gallegas dispuestas a ofrecer un viaje meticulosamente diseñado contra la geometría de la geografía, presto a demostrar el principio cuántico de que el observador influye de forma decisiva en el objeto observado.
Así, el bus viajará hacia el este cuando el destino está al oeste, virando convenientemente después de atravesar recónditas regiones que no aparecen en los mapas y ofreciendo en el trayecto la sin par distracción de la broma toponímica.
Consiste ésta en colocar una modesta población de nombre lo más similar posible al del destino más frecuentado, señalizada con gran alarde tipográfico. De esta forma, el confundido viajero que, un suponer, baja A Gañidoira para bañarse en la playa de Viveiro, acabará en la recóndita aldea de Viveiró, para solaz del desocupado lugareño:
—Disculpe, ¿es esto Viveiro?
—Sí señor; Viveiró se llama el pueblo
—¿Y el mar?
—Es que es marea baja.
La travesía es ideal para tiempos vacacionales o profesionales del diletantismo: fructífera en conocimiento etnográfico, paraíso del aficionado a las variantes dialectales, cátedra de tipologías humanas. Nada recomendable, sin embargo, para el viaje por necesidad, negocio o encomienda laboral.
Pensaba uno en todo esto, esperanzado en la llegada del AVE a la capital provincial, que pondrá Madrid a menos de dos horas de León. A los que vivimos de este lado del Manzanal nos gustaría poder disfrutar del vértigo de la velocidad con una conexión ferroviaria razonable entre Ciudad del Puente y la vieja corte. Pero lo más probable es que, influidos por la galaica realidad paralela, nos plegaremos a un viaje en autobús.