AL TRASLUZ
Camas borrascosas
M e dije: «voy a culturizarme en esto de la monarquía». Y cogí prestado de la biblioteca de una pariente el libro Crónica íntima de los reyes de España, del catalán Vidal Sales. Casi al azar. Como soy de natural ingenuo, al leer el título entendí por «intimidad» eso que se hace en zapatillas y en el ámbito doméstico: tocar la viola, peinarse la peluca y jugar a la gallina ciega. ¿En zapatillas? Quia. Se centra en aquello que los regentes hicieron descalzos, a mayores de darse un baño: en los asuntos de folgar. Extraña erudición esta, la de saber lo que los demás hicieron a puerta cerrada. Sin embargo, a tener de lo hasta ahora leído tampoco me atrevería a calificarlo de jolgorio envidiable. Abundan el feísmo, las taras y lucha contra la maldición de la tristeza. En más de un caso, he exclamado: «¡jo, majestad, más le hubiese valido nacer chupatintas!». La obra, muy bien escrita, adolece de un excesivo desdén hacia los reseñados. Y sí, a uno le parece sospechosa tanta erudición en los secretos de alcoba ajena. A Vidal Sales se le nota que él hubiese preferido escribir Crónica íntima de los presidentes de la República de España; sin ánimo de hacer de menos a nadie, en tales colchones de nuestra Historia no hubiese encontrado tantos saltos de cama.
Entre los reyes leoneses también los debió de haber con libido brincadora. Poco se sabe al respecto, pues el secretario no estuvo para levantar su acta. Pero podemos suponer que «trepa que trepa que trepa/ sube que sube, que sube/ en brazos cae de un querube, /la hija del conde...la Pepa». Un clásico.
Y ahora a punto de terminarlo, pienso en el septiembre que le espera Felipe VI. Buen rey, al que podemos intuir además buen marido y buen padre. Cuando el joven Alfonso XIII fue advertido por sus asesores de que no era buena idea visitar Barcelona contestó socarrón: «¿Qué pasa con Cataluña? ¡Hace 200 años que murió Felipe V». Sabía que éste —primer Borbón— era quien había abolido sus fueros, pero si aquello a él le quedaba ya lejos cómo ha de quedarnos hoy a los españoles. La Historia unas veces calza zapatillas y otras botines, pero no chanclas. La Historia es la verdad y nada más que la verdad, sea en camas apacibles o en borrascosas.