CORNADA DE LOBO
Cuánta caridad
X enofobia es ese rincón del alma que nos permanece intacto con sus muebles y sus garrotas desde que el mono descubrió la noción de territorio (y lo hizo particular). A partir de ahí, todo aquello que no es familia o clan es intruso (justamente para partirle la crisma al injerente se inventó la garrota; y si no se la tiene a mano, siempre queda la zancadilla).
Escalofrían las madejas de alambradas y concertinas que esparcen por las fronteras europeas, aunque no nos daban tanto repelús cuando las veíamos en nuestras vallas de Ceuta o Melilla; escalofría la marabunta de gentes que sólo han podido huir con lo puesto llorando lo depuesto que dejaron atrás; pero escalofría aún más que el odioso y tirano Assad sirio -contra el que combatió Europa al principio de su guerra interminable- haya de ser ahora nuestro aliado, si no amiguito del alma , con tal de detener el avance imparable de los degolladores de infieles que afilan sus versículos para que el corte en el pescuezo sea limpio a los ojos de un Alá que jalea, felicita y premia (resumido: Putin tenía razón cuando se quedó solo apoyando a ese Assad y nosotros le abroncábamos; Putin ya sabía cómo se las gastan los fundamentalistas chechenos; Putin se hace dios).
Pero a Sócrates le escandaliza el fervorín solidario que alienta en Europa la dramática diáspora del pueblo sirio, algo que sólo ocurrió a raíz de un niño muerto en una playa... y del tararí-tarí-tarí de la Merkel que plantó banderín de enganche para repartir ese «recurso humano», mano de obra necesaria para ella... y una natalidad que aliviará el envejecimiento de un continente de infecundos y solitarios que aman más a los perros (de raza) que al vecino.
Es tiempo para la foto. Ponga un refugiado sirio en su discurso.
Ninguna sigla política quiere quedarse sin su cachito sentimental o electoral... y nadie se priva, siempre que sean sirios (entre los que hay maestros, chapistas o entrenadores de fútbol), porque de los iraquíes se desconfía, los pakistaníes son raros, los afganos acojonan... y de negros sin patria ni oficio nos consideramos ya bien surtidos.
Cuánta caridad.
Y qué pregonada... qué estilo.