SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS por ARTURO PEREIRA
95 años de servicio a España

E l Real Decreto de 28 de enero de 1920 colocó a la Legión española en nuestras vidas. Hecho histórico sin lugar a dudas como el transcurso del tiempo ha demostrado. Fue el Rey Alfonso XIII, recogiendo la iniciativa del Teniente Coronel Millán-Astray, el que defendió ante el gobierno de turno la conveniencia de crear esta unidad militar.
Millán-Astray, en aquella época ya era un militar de reconocido prestigio, había servido en Filipinas y África. De sus experiencias en combate extrajo la necesidad de crear una unidad profesional que supliera las carencias de un ejército de recluta. Se inspiró en la Legión francesa con cuyos mandos le unían lazos de amistad y camaradería.
Lo novedoso de la Legión era su ideario y la posibilidad de que sirvieran en ella extranjeros. Con el paso del tiempo, lo segundo se normalizó y no es novedad. Pero, lo que si sigue siendo aún hoy en día novedad es la vigencia del ideario legionario, o para ser puristas el «Credo Legionario». Toda unidad militar, o simplemente agrupación de personas con un fin común en la vida debe tener un ideario, una ideología que los aglutine y estimule en el cumplimiento de sus fines.
La Legión se creó con un único objetivo que no es otro que la defensa de la patria. Frente aquellos que a veces critican a la Legión, quiero entender que por inocente desconocimiento, se puede argumentar que sus integrantes, los Caballeros Legionarios, son portadores de valores que deben exigirse a todo hombre de bien. Para entender esto, se debe partir de que el Credo Legionario no fue fruto de una profunda reflexión intelectual, sino del sentimiento y pasión de unos soldados por crear algo hermoso y práctico a la vez. Hermoso por lo que de romanticismo tiene y práctico porque ha demostrado su eficacia en la lucha.
Honor, valor y sacrificio son parte de la genética legionaria. Pudiera pensarse que se trata de iconos pertenecientes a una sociedad ya desaparecida, enterrada en las últimas tumbas de escritores como nuestro Gil y Carrasco y sus compañeros del Idealismo Alemán. Yo creo que no. Creo que precisamente, en estos momentos donde todo son medias tintas, medias verdades y nada se dice alto y claro, son más necesarios que nunca los valores legionarios.
No abandonar nunca a un compañero, espíritu de sacrifico, disciplina, ser íntegro y honesto con aquellos que comparten un uniforme y una forma de conducirse por la vida, forman también parte del Credo Legionario. Creo que si los demás asumiéramos estos valores nos iría mejor a todos.
Especial significado adquiere para el legionario la bandera nacional. En una sociedad como la nuestra que cada cierto tiempo sufre una crisis identitaria y por lo tanto pretende cambiar sus símbolos más importantes como la bandera, el Credo Legionario defiende la transcendencia de la bandera como símbolo de unidad y paz entre los españoles.
El término Legión en sí mismo representa unidad, vocación de destino compartido. Aquellos legionarios que conozco, nunca han dejado de serlo aunque hayan pasado muchos años desde que dejaron el servicio activo. No puedo reprimir un sentimiento de justa admiración cuando hombres que están al final de sus días siguen sintiéndose orgullosos de haber servido en la Legión. Esto es una lección para todos nosotros. Lección de dignidad y orgullo bien entendido. No importa los errores que un legionario haya podido cometer en su vida, todos los cometemos, siempre puede decir que hizo algo único al servicio de los demás. Puede decir que estuvo siempre donde se le reclamó para mayor seguridad y bienestar de todos nosotros, sin quejarse, voluntariamente y dispuesto a dar todo por sus compatriotas.