PANORAMA
Acuerdos de paz
L a noticia de que el proceso de paz el Gobierno colombiano con las FARC está llegando a buen puerto, hasta el extremo de haberse puesto una fecha límite para conseguirlo —el 23 de marzo de 2016—, se ha superpuesto días pasados a la de que ha sido detenida en Francia la ultima cúpula de ETA.
En Colombia, la perspectiva de paz tiene adversarios y el expresidente Uribe critica con dureza al presidente Santos (que fue su mano derecha) porque, a su juicio, «el Gobierno ha aceptado igualar a la sociedad civil con el terrorismo, lo cual constituye una grave afrenta a la comunidad colombiana».
En España, después de varios intentos fallidos de conseguir una paz negociada, el desenlace ha sido sencillamente policial: ETA ha sido derrotada por el Estado, lo cual alegra a todos los demócratas sin lugar a ningún tipo de duda.
Pero este frío final, que con total rotundidad era el mejor a que podíamos aspirar, ha impedido en la práctica que haya habido una paulatina y palpable reconciliación entre víctimas y victimarios.
Lo cierto es que el grueso de los etarras se mantiene firme en su rebelión contra el Estado, sin voluntad de claudicar, de reconocer lo inaceptable de su comportamiento, de lamentar sinceramente los centenares de víctimas inocentes que fueron inicuamente asesinadas.
Apenas una minoría ha reconocido el error y está siendo reintegrada a la sociedad.
Pero esta situación (de la que sólo los etarras son responsables) mantiene enrarecida la política vasca porque la izquierda abertzale, que tampoco ha querido desmarcarse de ETA con suficiente explicitud, no puede evitar estar contaminada por el rencor de quienes, tras provocar el drama, se mantienen obstinadamente al margen de la sociedad vasca sin avanzar hacia la normalización.
Es evidente que, a estas alturas, no va a haber en Euskadi un acuerdo de desarme y reinserción como el de Colombia, y tenemos que alegrarnos de ello porque lo nuestro ha sido el triunfo del Estado de Derecho.
Pero no por ello deberíamos declinar la necesidad de seguir trabajando para conseguir en España la completa racionalización de la convivencia cívica, lo que requiere el pleno imperio de la verdad, del perdón y del arrepentimiento para conseguir normalizar totalmente la convivencia entre los españoles.