Diario de León
Fernando Jáuregui

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A rtur Mas pierde, ganando, en Cataluña. Mariano Rajoy, o, mejor, la estrategia ‘lejana’ de Rajoy, pierde en España. El presidente del Gobierno central, en quien todos los ojos están ahora puestos, tendrá ahora que sacar todas sus no del todo demostradas dotes de estadista para garantizar que el proceso, de la mano de Junts pel Sí en alianza nada menos que con la CUP, no se nos vaya a todos de las manos. Alguien tendrá que iniciar ya una negociación urgente con alguien del otro lado. Y puede que ni Rajoy ni Mas puedan o deban ser ya los interlocutores para evitar que se dispare un proceso secesionista que a saber dónde podría acabar.

Todos sabían, y saben, que va a ser a partir de hoy cuando se comenzará a jugar la partida. Una partida que quizás acabará con la carrera política de Artur Mas, quién sabe si también con la de Rajoy y que, en todo caso, va a durar al menos dos años. Los que consumirá presumiblemente la Legislatura más reformista desde que Adolfo Suárez, en once meses, de julio de 1976 a junio de 1977, dio la vuelta al Estado, democratizándolo y convirtiendo un país atrasado, aplastado por una dictadura, en una democracia.

Todos, aunque a veces, como Rajoy digan lo contrario, saben que hay que propiciar cambios a fondo en la democracia que inició su proceso de transición hace cuarenta años, con la muerte de Franco. Una segunda transición. Han pasado muchas cosas en estos cuarenta años. Incluyendo en el ánimo de los catalanes, o de muchos catalanes, que se han ido distanciando irremisiblemente de ‘Madrit’. Pretender que lo ocurrido en Cataluña ha sido simplemente una elección en una comunidad para elegir un parlamento autonómico más es, por supuesto, una falacia: este domingo, aunque votasen solamente los catalanes, en realidad estaban todos los españoles involucrados en esa votación. Llámele usted plebiscito, o locura, si usted quiere; o referéndum más o menos encubierto. Pero no elecciones autonómicas.

‘El Estado’ no es solamente Rajoy. Ni el PP. Ni siquiera un hipotético pacto futuro entre Rajoy y el socialista Sánchez, que ya no niega con tanto énfasis un acercamiento táctico a los ‘populares’. Ni siquiera un ‘acuerdo a tres’ con Rivera o, puestos a fantasear, a cuatro con Pablo Iglesias. El Estado somos todos: los presidentes autonómicos que tendrán que aceptar un pacto con Cataluña, que haga ese Estado llamado España más heterogéneo, qué remedio; las instituciones; la sociedad civil de todo el país. Usted y yo. Sé que a muchos les costará tragar el sapo, pero habrá que asumir que Cataluña necesita un tratamiento específico dentro del conjunto de España. Apasionante espectáculo el que se abre para todos durante los dos próximos años, los del Gran Cambio. Me pregunto si estaremos a la altura de las circunstancias.

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