Diario de León
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pacO BALADO
León

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E n el fragor de un debate parlamentario, el liberal José Canalejas, ante una alegación del conservador Antonio Cánovas del Castillo, afirmó: «La agilidad es una excelente condición para subir a los árboles, pero no para gobernar a los pueblos». Defendía Cánovas la agilidad en la labor de gobierno y argumentaba Canalejas, la necesidad de tomar las decisiones una vez analizadas todas las circunstancias y los diferentes aspectos del problema, para con todo ello, alcanzar la solución política adecuada. Puede resultar paradójico pero el liberal reclamaba mesura y el conservador, instaba a la prontitud. Así era y es el juego político.

Tomando como referencia esta interpretación del episodio, la famosa cita de Canalejas podría traducirse hoy, perdón por la licencia histórica y casi semántica, por inmediatez. Requerir rapidez en la acción política se da por descontado. Es una virtud ser ágil, traducido por rápido. Además, dominados como estamos por lo instantáneo y, en el terreno político, con los gobernantes sometidos a la permanente crítica de la opinión pública, la reclamación de agilidad/rapidez está en relación directa con la exigencia de eficacia inmediata.

En las últimas dos semanas hemos asistido al balance de la gestión de los primeros cien días de gobierno tras las elecciones locales del pasado mes de mayo.

En el caso de la ciudad de Ponferrada, las críticas han sido feroces: «desgobierno» «cien días de nada» «desastroso» etc… Al leerlas y escucharlas, se diría que estos algo más de tres meses han supuesto el freno para una ciudad con una previa actividad esplendorosa y frenética. Nada más lejos de la realidad.

Recordando a Canalejas, en su tiempo poco sospechoso de retrógrado, reflexionando sobre lo sucedido en este corto intervalo de tiempo y tomando como punto de partida un resultado electoral (el del pasado mes de mayo) extraordinariamente complejo en Ponferrada con el que conformar una mayoría de gobierno resultaba una quimera, el periodo, breve y, por tanto, sólo valorable como tendencia inicial, se puede resumir en la voluntad, casi perseverancia, del minoritario equipo de gobierno de la ciudad en poner orden, ser transparente y no esquivar ningún problema, por complicada que haya sido la herencia recibida.

No parece que la actitud crítica de los «canovistas» del momento en Ponferrada sea ecuánime. Siendo necesaria, debería contener cierto grado de justicia y mayor rigor. Lo otro se parece más a la agilidad que alegaba Don Antonio al que no le importaba en exceso la acción del oponente sino el tiempo que le faltaba para volver al poder. Evitar esa tentación sería saludable como lo sería preocuparse por colaborar en la gobernación de una ciudad que, más allá de intereses partidistas, atraviesa un momento especialmente complejo no sólo política sino, sobre todo, social y económicamente.

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