Diario de León
Publicado por
juan carlos franco
León

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Hace ya tiempo que el Bierzo es tierra estéril. Nada que ver con esos viejos cuentos del microclima especial de esta tierra y sus efectos milagrosos para convertir en realidad cualquier cosa que se dejara caer por este terreno. La realidad es la que nos dice que, si algo hay de característico en esta comarca eso es nuestra niebla. Una niebla que nos aisla, que nos incomunica, que nos desampara, que nos convierte en huérfanos. El Bierzo es tierra de abortos. De proyectos que no es que no lleguen a su fase final de gestación, sino que son ya falsos positivos en la prueba de la rana —cuántas veces nos hemos alegrado con las ridículas partidas de los presupuestos para líneas de alta velocidad o autovías, que lo único que han hecho es salvar la cara a los representantes, de uno u otro partido, que debían pelear por esta tierra—.

Hace tiempo que nos conformamos. Que nos rendimos, por la incapacidad de unos y otros, a nuestro triste destino. Nos dejamos engañar con frases huecas y promesas de vendedores de crecepelo, cuando la verdad es que el Bierzo es tierra yerma. Terreno en ‘poulo’ por el que nadie, ni nosotros mismos, ha mostrado interés.

Preocupados más como estamos por la tristeza de Ronaldo o la independencia de otros que nuestra propia inercia asesina, asistimos, día sí y día también, a reveses que nos hunden todavía más en ese lodo. Somos como las vacas que veían pasar el tren —en una tierra en la que cada vez hay menos trenes circulando por las vías y las vacas son un animal en extinción— que no reaccionan ni cuando el lazo del túnel del Manzanal ya aprieta demasiado nuestros gaznates aislándonos en materia de comunicación ferroviaria o cuando se nos cae una central térmica.

Me imagino que será cuestión de tiempo que alguien proponga convertir este trazado en un nuevo bici-raíl hasta Brañuelas. Me imagino el mismo final para la chimenea improductiva de Anllares que el que en su día tuvieron las de las fábricas de ovoides y briquetas de la ponferradina zona de la avenida de los Escritores. Me imagino lo que le reserva el destino al municipio de Páramo, y que no diferirá en mucho a lo que el pasado le deparó a su barrio del Escobio. Me imagino, y no es difícil, lo que le aguarda al Bierzo.

Aquí ha regresado, si es que alguna vez se fue, la niebla, volviendo esta comarca invisible para todos. Y ya ni las vacas ven pasar el tren.

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