AL TRASLUZ
Enemigos imaginarios
C uando era niño tuve un amigo imaginario, al que ponía a hacerme los deberes o recogerme el cuarto. ¿Qué fue de él? Un día creces y les das el finiquito. Lo que nunca tuve fue enemigos imaginarios, me bastaba con el bruto de Joselín. Leoneses y pucelanos llevábamos más de dos décadas de inquina ficticia, hasta que ayer Antonio Silván, alcalde de León, y Óscar Arias, regidor de Valladolid, finiquitaron en nuestra ciudad el espejismo. Ser de partidos distintos no ha sido impedimento; después de todo, el fuerte de don Javier nunca fueron las relaciones vecinales, ni siquiera con los propios. Casi siempre, los conflictos tienen su origen en un malentendido, que con los años va degenerando en costumbre. Nuestras respectivas localidades nunca estuvieron realmente enfrentadas, pero vivíamos como si así fuera, lo que casi viene a ser lo mismo. Por ello, el encuentro fue mucho más que una visita protocolaria, de esas que se quedan en comilona e intercambio de llaveros: ha sido una hermosa apuesta por la amistad institucional, que para hacerla creíble tenía que hacerse tal como se hizo: admitiendo la existencia de un pasado de desafectos, pero sonriendo juntos al presente y al futuro Muy bien, por tanto, los dos alcaldes. Ah, las fobias locales. Durante años le he estado contando la misma agudeza a mi amigo leonesista: “El alcalde de Valladolid no viene porque le han dicho que aquí hacemos picadillo”. Como siempre le hacía gracia, nunca tuve necesidad de contarle otra; hasta ayer, pues Arias sí vino y Silván irá. Tendré que renovar el repertorio.
Todos somos anti algo, pero tan poco hay que pasarse. En Cataluña, los integrantes de la CUP aseguran ser anti capitalistas, anti sistema, anti monárquicos, anti Estado español anti Europa, anti euro... ¿Y antimadridistas? Me da que sí. ¿Y anticaries? Supongo. ¿Y antediluvianos? Bastante. Vamos, son el yerno ideal para Mas y su separatismo refinolis. Qué manía con hacer ascos. Nosotros aquí seguiremos ensalzando el chorizo de León, pero añadiendo sin dilación: «... sin olvidar las ricas salchichas de Zaratán».
León y Valladolid ya quedan mucho más cerca. «¿A un tiro de piedra?», preguntará mi amigo leonesista. No empecemos, Orozco, que te conozco.