Diario de León
Cristina Fanjul
León

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Por supuesto que hay excepciones pero, si generalizamos, creo que tenemos que estar de acuerdo en que la mayoría de los jóvenes actúa como manada. Y la manada es peligrosa. Hace poco escuchaba a un psiquiatra explicar que el ser humano dedica los primeros años de su vida a hacerse gregario y llega un momento en el que comienza a buscar su autonomía del grupo. Se convierte en individuo, se hace único. El problema es que esta sociedad está diseñada para articular el poder de la manada, para que la singularidad se diluya en la masa hasta desaparecer. Es difícil decirle no a la jauría. Diferenciarse crea problemas y siempre, aunque no haya nada que ganar ni que perder, es más cómodo dejarse llevar.

Así es como miles de estudiantes aceptan cada año convertirse en la escoria de un grupo de anormales que se sirve de las novatadas para expresar los instintos atávicos que la sociedad prohíbe pero no castiga. Sólo así puede entenderse que el sindicato de estudiantes (oxímoron) muestre sin recato alguno su vaciedad intelectual al decir que las víctimas —que según sus familiares fueron maniatadas con cinta americana y obligadas a tragar grandes cantidades de alcohol a través de un embudo— no lo fueron en realidad sino que participaron de manera voluntaria en el aquelarre. Pero es que, queridos, el hecho de que una persona abdique de sus derechos no impide que la ley persiga a quienes los violan (los derechos). Lo diré en roman paladino para que me entendáis: Yo puedo estar dispuesta a dejar que acaben con mi vida, pero el responsable siempre responderá ante la ley por ello. Podéis camuflar la perversión de esa cosa nostra estudiantil que son las novatadas detrás de argumentos falaces, pero lo único que reflejan vuestras declaraciones es desahucio intelectual.

Y la Universidad, ahora, después de tantos años de rituales sádicos en los que la vejación es ley, la Universidad dice ahora que abrirá una investigación urgente, y el concejal salta al photocall con un toque de brillante elocuencia: «La Policía Local estará vigilante», explica, y la subdelegada declara, sin inmutarse, que no es tan fácil perseguir el delito, que hay una ley de los cincuenta y tal que hace complicado que se moleste a quien se mea en la ley si lo hace dentro de los límites del campus, como si Vegazana gozara de una Carta Puebla que dispensara a sus moradores de cumplir las normas. La manada.

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