Diario de León

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS por ARTURO PEREIRA

Instinto primate

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León

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M uchas veces no sabemos por qué hacemos las cosas. Aunque sí creemos conocer los motivos que nos impulsan a actuar, lo cierto es que tanto estos como las consecuencias nos resultan extrañas o cuando menos difíciles de entender. Si esto es así en lo que respecta a nosotros mismos, es mucho más complejo respecto de las valoraciones que hacemos sobre el comportamiento de los demás.

Digo esto porque no quisiera que mis reflexiones sobre el tema que pretendo abordar se entiendan como una falta de empatía con los autores de los hechos sometidos a mi juicio. Quiero decir: es muy fácil caer en la crítica trivial y por lo tanto errónea respecto de los demás. No quisiera ser yo víctima de una cerrazón mental que me impidiera ver las bondades de aquellas conductas que no comparto, pero sí me siento en la obligación de ser leal con mi forma de entender la vida y sobretodo de un intento de conducirme de la forma más acertada posible por ella.

Pasando a los hechos concretos. Me resulta difícil entender la causa por la que determinados líderes pretenden dividir en vez de sumar, haciendo un uso contrario a la naturaleza de aquellas cosas que sirven para unir. Hacen uso en primer lugar de un sentimiento gremial de las personas, que es bueno en sí y sirve para que el mamífero humano se desarrolle en un entorno seguro básico para la perpetuación de la especie. Pues no, algunos se empeñan en imponer barreras y separarnos unos de otros.

La pregunta que a continuación surge es: ¿para qué? Por definición dividir implica perder y sumar ganar, al menos en lo que respecta a el interés general. Cierto que también existe la tradición entre aquellos faltos de capacidades, de dividir para vencer. Generalmente son los menos aptos de la especie quienes siguen esa teoría. Es fácil despertar el instinto primate e irreflexivo del ser humano con la finalidad de marcar un territorio exclusivo. Lo hace el macho dominante para excluir a otros machos de la manada. Esto, trasladado a nuestra sociedad, significa que el que se considera mejor que los demás por motivos de raza, lengua o territorio marca este último y lo separa de los demás para ejercer a modo de gorila sobre su pequeño gremio.

El proceso evolutivo de los primates ha consistido básicamente en el paso del pequeño clan a sociedades complejas y desarrolladas. No es posible el desarrollo sin asociación física e intelectual. Si realizáramos el proceso inverso de evolución social presidido por el asociacionismo y principio de suma y aplicáramos los de separación y división, la lógica nos conduce a la conclusión de que acabaríamos en de nuevo en lo que fue el principio, es decir el clan.

Frente a congéneres de nuestra especie que dividen, restan, ponen el acento en las diferencias, debe plantearse de forma seria y contundente la experiencia histórica. Dar prioridad a la diferencia respecto de los demás ha traído graves consecuencias para la especie humana. Generalmente guerras y genocidio. Primero se empieza por marcar diferencias y luego inmediatamente se considera uno mejor que los demás, hasta que incluso haciendo un mal uso de Nietzsche, nos consideramos raza superior.

El Camino de Santiago es una escuela sociológica de primer orden. Hay personas de todas las nacionalidades, razas y creencias. Cada uno con su firma de entender la vida y el propio Camino. Pero, absolutamente todos los peregrinos son eso, peregrinos y con unas necesidades básicas comunes. Estas necesidades se reducen a comida, bebida, alojamiento y búsqueda de «algo» que muchos no saben ni definir pero que está muy presente.

Todos los peregrinos tienen, como todos tenemos, las mismas necesidades e ilusiones. El Camino como todos los caminos tiene un principio, en este caso muchos, al igual que muchos finales, tantos como peregrinos. Cada peregrino es una historia, una forma de entender el peregrinar y vivir la experiencia única en un submundo que genera un entorno singular de sentimientos y emociones creadoras de vínculos y afectos.

Para aquellos que se hayan quedado formando parte del eslabón perdido de la evolución de los homínidos y busquen la confrontación a través de las diferencias, le sería conveniente hacer el Camino al menos una vez y disfrutar del placer que supone siempre sumar amigos y afectos en nuestras mochilas.

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