CORNADA DE LOBO
Pues lo siento
H ay veces en que me siento español, claro, y en algún caso el sentimiento es muy-muy español, que sí, como si estuviera ante unas sopas de ajo tras una Cuaresma sin pan, sopas que me hace hermano de pote de quien las coma en Úbeda o Lekeitio... también quedan razones para sentirme alguna vez muy francés (¡ah, mesié Voltaire!) o un tanto inglés, un algo ruso, un poco uruguayo, turco quizá... culpa de malas lecturas, supongo, malas compañías e influencias.
Decir hoy «me siento español » se paga con furias o pedorretas porque ahora el lío espeso de las Españas invita o te arroja al tono airado, al desapego y a la melancolía, si no a la separación radical de bienes y a la entusiasta matanza de trapos y orgullos.
Aunque, ojo, sentirme español es también avergonzarme de serlo con tantos episodios o personajes de la historia (y de hoy) que pueden hacernos cómplices del déspota, del expolio o de la mentira (Ámerica no nos perdona), porque sentirse español no es estar ciego de amores o altivez, déjese esa venda al chovinista, al patriota que viste de brigada artillero o al patriotero, tan leal a lo paleto y al folklorismo, tan de grada o procesión, tan nuestro.
Sentirse español no es rebozarse de historia y ensalzarla (o sea, ensalzarse uno), sino pensar, planear para mañana y trabajar para que la vida y esta tierra sean un poco mejor, un sitio más grato y próspero que invite a empadronarse en él a la justicia... y a la belleza que nace de la diversidad bien llevada.
Y me siento español con quien su lengua española me hace estar en casa y no me echa, háblela uno de Oteruelo, de Almería o Buenos Aires... con quien piensa y repiensa a España con gozo y con dolor, de Quevedo a Ortega... con aquel valenciano de la Venta del Home que metía mis palabras con las suyas para entendernos y no diferenciarse... con el que junta esfuerzos, rema, canta y no reburdia... con quien entiende que un país no es sólo herencia y un pasado, sino un préstamo de los nietos a devolver íntegro con intereses y mejoras... me siento español, en fin, ante una Giralda mora igual que en un claustro en Silos... de los dos aprendimos... y somos, mal que pese.