Diario de León

FLORES DEL MAL

Listos en tiempos tontos

Publicado por
GONZALO UGIDOS
León

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E n el  Quijote fechoría era lo mismo que hazaña, aunque pasó a significar bellaquería; o sea, justo lo contrario. El diccionario está lleno de esos significantes que se apartan tanto de su sentido genuino que se convierten en antónimos de lo que fueron, como un bombero degenerado en pirómano o un buen vino en mal vinagre. La palabra político también se ha apartado de su designio para mal: en su origen significaba ciudadano, pero acabó refiriendo a quien engaña a los ciudadanos, por más que la acepción no la recoja todavía el DRAE.

Por eso, cucamente, Albert Rivera acuñó para su partido de la derecha regeneracionista el nombre de Ciudadanos, que elimina de un golpe semántico su condición de partido, es decir de intermediario entre la sociedad y el Estado. Lo que proclama ese nombre es la desafección, más que a la vieja política, a los políticos viejunos, a cierta clase política. Gaetano Mosca sostenía que los más aptos para gobernar no eran los mejores elementos ni intelectual ni moralmente, posición que se resume en un viejo adagio latino: Sit fur sit sacrilegus at est bonus imperator, que significa que no importa que sean ladrones o canallas si nos gobiernan con soltura. En ese pragmatismo cínico profesaban los gatos de Felipe González, que cazaban ratones, Zapatero, que convirtió el «como sea» en categoría política, y Rajoy, que se adscribe a la misma escuela doctrinal.

Rajoy reprocha incompetencia a su competencia, dice que los de Ciudadanos ni siquiera han sido concejales; no como él que, menos reina madre, lo ha sido todo en política: presidente de Diputación, ministro y Don Tancredo con barbas a remojar. No le falta razón porque, por más que lo proclamen los de Podemos, no es verdad que la política no exija cierta aptitud. Si una democracia se funda en la presunción de que, por derecho de nacimiento, todos son capaces de manejar la cosa pública, debe atenerse a las consecuencias y ponerse en manos de iluminados o de la insoportable levedad de pipiolos capaces, como el concejal Zapata, de descostillarse de risa con el Holocausto. La cualificación entra en contradicción con la igualdad, pero siempre hay grises entre el blanco y el negro. O entre Pepe Blanco y Toni Negre. Entre el Escila de un gobierno de cínicos con experiencia, como el de Rajoy, y el Caribdis de Ciudadanos inexpertos, están los anchos estrechos de una democracia que sin ser gobernada por los expertos cuente con su solvencia técnica. Para no hacernos mala sangre debemos dar por descontada la necesidad de los listos en tiempos tontos. A fin de cuentas, ya lo dijo Pareto, todas las profesiones tienen su élite: los ajedrecistas, las putas y los políticos.

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