EL CORRO
Al suelo, que vienen los nuestros
E n mayor o menor grado, la frase, una de las muchas atribuidas a la retranca gallega de Pío Cabanillas, se ha mantenido vigente en todos los partidos, con creciente intensidad cuando se aproximan elecciones y con ellas el fatídico trance de las listas de candidatos. En realidad no deja de ser una variante de esa otra célebre distinción entre «adversarios, enemigos y compañeros de partido». A las broncas internas entre los populares no ha estado ajeno el presidente de la Junta y del PP de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, quien una vez más se ha despachado a gusto contra los ministros Soria y Montoro, las dos tradicionales bestias negras del Gobierno autonómico. Ello en paralelo al episodio de la fallida enmienda sobre el céntimo verde, episodio que ha enrarecido, por decirlo suavemente, la relación entre el presidente autonómico y los 28 senadores que forman el grupo territorial del PP de Castilla y León en la Cámara Alta. Y para aderezar lo anterior, Herrera no consideró oportuno asistir a la cumbre celebrada en Toledo con la que el PP pretendía escenificar el cierre de filas en torno a Rajoy.
Si revueltas bajan las aguas populares, sólo otro impostado cierre de filas ha contenido el cabreo causado en las filas socialistas por la caprichosa decisión de Pedro Sánchez de fichar a Irene Lozano, la ya ex diputada de UPyD fustigadora por igual de PP y PSOE, las dos caras del para ella absolutamente denostado bipartidismo. Paralelamente, Ferraz ha utilizado la prerrogativa estatutaria de que dispone para defenestrar de las listas al Congreso al anterior secretario del PSOE en Castilla y León, Julio Villarrubia, propuesto por el comité provincial del partido para encabezar de nuevo la candidatura por Palencia. Todo un ajuste de cuentas por parte de Ferraz, que no ha perdonado a Villarrubia su respaldo a Eduardo Madina en las primarias celebradas en el verano de 2014. Casualmente, el defenestrado ha sido sustituido en la lista por María Luz Martínez Seijo, la cabeza visible de la plataforma constituida entonces para apoyar en Castilla y León la candidatura de Sánchez, que por cierto aquí resultó derrotada por la de Madina. Sobra mayor comentario. Pero tampoco se salvan de la quema Ciudadanos y Podemos, cuyo sistema de democracia interna resulta como poco manifiestamente mejorable. Los primeros siguen regidos en esta comunidad por unos dirigentes nombrados a dedo desde Barcelona que, amén de tener alergia a la transparencia que pregonan, están demostrando una supina insolvencia política. Y los segundos, a las conocidas fricciones en León, Ponferrada, Burgos o Palencia, han añadido una monumental trifulca en Valladolid que va a tener su guinda con el próximo desembarco de un cunero para encabezar la lista al Congreso de los Diputados.