CORNADA DE LOBO
Quita allá el golf
E l Partido Comunista Chino es tan grande y chulo que sólo cabe él allí y acaba de prohibir a los funcionarios del país (sólo son 88 millones) que jueguen al golf, que se den a comilonas o que se azufren con el pimple. Al parecer, en la administración china empiezan a sobrar golfistas, tragaldabas y borrachos.
Atajando, pues. Palo al golf.
Si las escopetas las carga el diablo, los palos de golf los carga el cohecho que dispara negocios oscuros y chollos blanqueados entre hoyo y hoyo. El comunismo chino justifica como una medida anticorrupción la prohibición de este deporte tan elistista al que últimamente se apunta como loca su nueva clase rica, que sería la miel, y sus altos funcionarios, que son las hojuelas.
Es lo que tiene el golf, que junta al hambre con las ganas de comer. Y vengan moscas al panal.
Si en España la Guardia Civil colocara micrófonos en los bujeros del putting green o en la bolsa de los palos, averiguaría con antelación delitos que después ha de esclarecer con arduos esfuerzos, cortapisas, cuitas judiciales, pruebas destruidas o tesoreros con esquinas y cuentas a lápiz.
Una partida de golf es larga. Da tiempo a exponer el negocio o affaire , tratarlo por activa, discutirlo por pasiva y, llegados al hoyo 18, cerrarlo con todo bien atado (y hasta con notario, al que se llamó cuando iban por el hoyo 13). Y es que en el golf se puede hablar a calzón quitado porque no hay paredes que oigan... bueno, hasta que ponga esos micrófonos la Guardia Civil, que no es tonta, o la inspección tributaria, que es demasiado lista.
No es casualidad que muchos políticos norteamericanos jueguen al golf, ya que lo hacen los grandes mercaderes. Y si Aznar quiso aprenderlo, ¿fue porque venía en el pacto de las Azores? También Franco, en su veraneo gallego, le daba al palito en La Zapateira (patético su swing ) cuando su edad sólo le aconsejaba la petanca o el parchís.
Los chinos saben lo que se guisa en el golf, por eso lo prohiben, y aunque así no pararán la corrupción, al menos les cierran a sus funcionarios esos verdes garitos que, además, consumen una burrada de agua necesaria a otros fines.