Diario de León
Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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A la larga, la geografía literaria es la que mejor define un territorio. Por la Mancha han pasado desde 1605 cuatro siglos y millones de personas, pero sobre todo ha pasado y pasa don Quijote. Eternamente la Mancha será la tierra donde nació aquel hidalgo; el escenario principal de su ejemplo. La Mancha es el regalo de la inteligencia, la imaginación y la bondad de Cervantes. El mayor patrimonio de los españoles; el libro que nos ha llevado por el mundo adelante. Ser español es ser paisano de Cervantes, no cabe más alto honor.

En nuestra provincia de León, tan privilegiada en lo literario, es decir en lo que perdura, revela y emociona, hay varios escritores que han logrado forjar un mundo. Propio, original y, a la vez, enraizado en una sociedad que nos es muy familiar. Antonio Pereira hizo de Villafranca del Bierzo una vida de encanto, compasión y ternura como debe de haber muy pocas en el vastísimo mapa del idioma. Antonio Colinas, a su vez, ha convertido las tierras rojas y verdes al sur de La Bañeza, en un dominio fértil para la reflexión y la memoria; para la elevación que nos libera de la ganga del vivir y nos coloca ante la fuerza sencilla de la naturaleza, de la historia y los recuerdos. Petavonium es su metáfora, su fuente romana.

Enrique Gil y Carrasco imaginó un Bierzo medieval y templario con tanta autenticidad y talento que hoy día es imposible mirar el gran castillo de Ponferrada, o el pequeño y bravo de Cornatel, sin estar, a la vez, pensando en su célebre novela romántica, en sus personajes. Frente a esas piedras antiguas, suena siempre la voz de Enrique Gil. La que cada uno imagina y todas son reales.

Celama es el gran mundo inventado en la tierra leonesa desde hace veinte años. El país del olvido y la memoria, del dolor y del tiempo. De la dignidad y la extrañeza. De muchos hombres y mujeres que fueron y que ya no son, pero que viven desde la grandeza narrativa de su creador, Luis Mateo Díez. Quien inventó Celama, pero también muchas otras demarcaciones en su narrativa; lugares genuinos y, por ello, universales. Sin que nunca se diga en esos libros, expresamente, que pertenecen a León. Lo que los hace ser aún más misteriosamente leoneses. Y de Buenos Aires. Y de Ciudad de México. Y de La Habana.

Ahora se publican juntas, en edición crítica, las tres novelas que son el núcleo de la obra de Luis Mateo, ya intuido en su primer libro de cuentos. Pero que floreció con una violencia dulce y poética, de muerte, amor y vida, en esas tres novelas memorables: El espíritu del páramo , La ruina del cielo y El oscurecer . León es tierra literaria y los leoneses debemos ser los primeros interesados en conocer esos imperios ardientes, otoñales, a veces cómicos y siempre certeros que florecen en cada página de Luis Mateo. Que nos llevan a otro lugar: exactamente a nosotros mismos.

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