Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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S e han fijado tantos carteles en los muros de la patria nuestra que se superponen unos a otros y los más recientes tapan a los más antiguos, que siempre nos parecen los más gloriosos.

El que más nos importa entre todos los mensajes que recibimos cada día es el de la factura de la luz, que llega una vez al mes. No sólo lo recurrimos nosotros, a los que no nos hace caso ni Dios, sino los dioses patronales de Unesa y de Iberdrola, que han presentado recursos contencioso-administrativos ante la Audiencia Nacional, creyendo que España es todavía una nación.

No es ese el criterio del señor Artur Mas, ni de la presidenta del Parlament catalán, señora doña Carme Forcadell, fija en la ruta (cuidado con las erratas) que ha vuelto a convocar la Junta de Portavoces.

Si uno fuera capaz de desánimo sería este un buen momento, pero como jamás he sido un tipo muy animoso no me puedo permitir desanimarme. Cuando las aguas bajan turbias, como ahora después de los crueles temporales, terminan por aclarar.

Es la única ventaja de los llamados ‘niños de la guerra’, que somos los ancianos de ahora. Los que sobrevivimos a la cartilla de racionamiento y a los mutuos bombardeos y al tifus exantemático no nos parte un rayo de los habituales. Tenemos que esperar a que sea el último.

Se están dando tantos pasos en el disparatado afán secesionista que estamos literalmente al borde del abismo. Hay que prever el futuro, que es entre todas las cosas, la más imprevisible.

Nuestro ministro de Asuntos Exteriores, García-Margallo, se ha referido al pulso catalán como «un golpe de Estado institucional» y anuncia que tienen en el cajón, que debe de ser un baúl, una reforma «para cuando sea posible» poder afrontar un debate de verdad sobre cómo puede mejorarse la Constitución.

El caballero Montaigne, que era más sabio que nuestro ministro y por supuesto que el señor Más, que quizá no sea un caballero, nos advirtió de que la menor carga hace saltar a la paciencia.

Es sin duda una virtud máxima o por lo menos un componente de todas las demás. Los españoles tenemos mucha. No sabemos si suficiente.

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