LA VELETA
Manifiesto por un tripartito
C ualquier interpretación no sectaria y sensata de las encuestas que nos abruman nos indica que hay que buscar nuevas salidas para desbloquear la situación política que se vive en España, de la que, no lo olvidemos, Cataluña es parte sustancial. Lo recalco así porque a veces da la impresión de que, inmersos como están en la contienda electoral de la que dependen sus futuros político-profesional-económicos, los rectores de nuestros partidos olvidan a veces la parte central de los problemas para centrarse en lo accesorio, ganar o no ganar en votos/escaños al rival más próximo, o al emergente.
Titulo algo ambiciosamente este comentario, tras un largo encuentro con varios políticos y representantes de instituciones, ‘manifiesto por un tripartito’. He comprobado hasta la saciedad las esperanzas que suscita, no solo entre nuestros políticos de los segundos escalones, sino entre profesionales de muy diversa índole a los que puede considerarse parte activa de la endeble sociedad civil española, la posibilidad de un pacto a gran escala entre las dos o tres fuerzas principales consolidadas tras los comicios de diciembre. Un pacto que trascienda el acuerdo ‘para la foto’ que se hicieron ante el Tribunal Constitucional los representantes de las tres principales fuerzas catalanas afectas al constitucionalismo.
Según se aproxima la fecha de las elecciones más decisivas que haya vivido España acaso desde aquellas de octubre de 1982, que dieron el poder a Felipe González y al PSOE, eliminando definitivamente los rastros de cuarenta años de franquismo, compruebo que el ansia ciudadana por soluciones pactadas, de futuro, se incrementa. En este contexto, y si PP, PSOE y Ciudadanos llegasen por ventura a un pacto para la gran reforma que, en dos años de Legislatura abreviada, necesita España, ¿importaría realmente mucho, excepto a ellos mismos, que el inquilino de La Moncloa fuese Mariano Rajoy, Pedro Sánchez o Albert Rivera?
Tengo la impresión de que la desafección (lo dice la última encuesta del CIS) de los españoles por la política se deriva precisamente de esta escasa altura que caracteriza el vuelo de nuestros representantes en la cosa pública.
Hay remedios para paliar la catástrofe política y el choque de trenes inminente originados no solo por la desgraciada política de la Generalitat, sino por tantos errores del pasado e inacciones del presente por parte de sucesivos gobiernos centrales. Claro que pienso en una reforma constitucional y en un referéndum controlado y bien planificado para ganarlo en contra de la secesión. Por supuesto que me refiero también a ese diálogo que algunos, en Barcelona y en Madrid, se empeñan en denostar (¡!) para dar paso a los ‘halcones’.
Por eso (ya sé, desde la utopía, que es de muchos), este manifiesto por el tripartito. O como se le quiera llamar, que tampoco es cuestión de andarnos ahora con disquisiciones semánticas.