Diario de León
Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

Creado:

Actualizado:

S iendo adolescente, me di de bruces con la curia de Astorga. Fue como entrar en un siglo XIX pulcro y riguroso, poblado por clérigos sonrosados, entre los que había grandes sabios de la filosofía, de la misteriosa teología y, muy especialmente, del derecho canónico. Yo estaba allí porque me había dado una hermosa volada: quería ser misionero, conocer países africanos, ver elefantes y convertir a la fe de Cristo a remotos muchachos de la congoleña Katanga, donde la diócesis tenía una misión.

Nunca conocería África, empero, ni siquiera en Ceuta. Pero conocí Astorga, que era una «Vetusta» leonesa. Astorga en 1969 era una población católico-castrense, donde solo el coronel jefe del cuartel de lanzacohetes era capaz de rivalizar en prestigio con el señor obispo, a la sazón un barcelonés de voz pastosa, aficionado al whisky y fumador de cuatro paquetes de «Chesterfield» al día, tal vez el único refugio seguro para que un sacerdote culto, irónico y cosmopolita pudiera soportar el tedio político-litúrgico de la hermosa y pequeña urbe romana, cuyas calles conocieron dos emperadores sensacionales: Octavio Augusto y Napoleón.

Me gustaba observar a los clérigos palatinos que vivían en Astorga. Ver cómo ellos, a su vez, miraban a los modestos párrocos rurales que llegaban a la urbe, con sus raídas carteras de cuero negro y con sus cuitas leguleyas. Los clérigos palatinos eran prodigiosos. Pequeños cardenales en permanente estado de conspiración. Varios tenían la voz muy aflautada, y casi todos ofrecían ademanes propios de quien merienda pastas en las casas de los ricos. También los había con acento gallego, no en vano la diócesis tiene una parte de la actual provincia de Ourense desde hace 1.500 años, cuando no había provincias ni nacionalistas gallegos, como los que reivindican que O Bolo, Trives y Valdeorras pasen a depender de la sede episcopal de las Burgas.

Los clérigos palatinos hablaban un latín formidable, vestían con calcetines rojos en algún caso, eran dignidades grandes de la ciudad pequeña. Y ahora resulta que su representante más triunfal, su antiguo ecónomo el señor Vallejo, riojano pero tan bien integrado en Astorga que hasta se construyó una casa en sus afueras que es un ejemplo del arte contemporáneo, acaba de dar la campanada en Roma. El otrora gran ecónomo de Astorga, emblema perfecto del sacerdote ambicioso, hábil y mundano, y que fue promovido a lo más alto de las finanzas vaticanas, ha sido detenido por la policía de aquel micropaís, acusado de muy oscuras deslealtades, impropias, eso sí, de los provincianos canónicos asturicenses que yo conocí. Cuyas vanidades eran modestas en el fondo. El ecónomo Vallejo no tenía límites, y ahora ha arruinado su carrera. Y es que los grandes trepadores nunca se conforman, siempre quieren más. Así en la tierra como en el cielo.

tracking