Diario de León
Publicado por
Pedro Rabanillo Martín
León

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E s posible que resulte sorprendente, o al menos extraño, dedicar una mención a la vida de una mascota (perro), que habiendo nacido normal, llega con el tiempo a padecer el deterioro de la hernia discal, que le atrofia el movimiento de las patas traseras. No puede andar. Lo normal sería, en este caso, deshacerse del animal. Pero la abnegación ejemplar de sus protectores regala al protagonista los cuidados pertinentes y constantes que este aparatoso desequilibrio entraña. Comienzan las vicisitudes, al asumir con ejemplar dedicación, la atención incondicional para que una hipotética recuperación llegue a conseguirse.

Se llama Brutus (macho), de raza Buldog Francés, color negro. La pareja protectora, Pablo y Tirza, desde el primer día en que se manifestó la enfermedad, se ponen al cuidado intensivo, sacándolo a la calle a pasear al menos dos veces al día, colocándole un paño a modo de bufanda sobre las ingles que le permite andar con las patas delanteras, llevando en el aire las traseras inmovilizadas.

Este ejemplar comportamiento se debe a que es mucho más fuerte el sentimiento y cariño que sienten por Brutus, que la simple decisión de deshacerse de su compañía. Pablo y Tirza se envuelven en la aureola de la atención y el afecto, olvidándose de la incomodidad que pudiera suponer la difícil curación. Y día tras día invierten mucho tiempo en pasear a Brutus. Su aparición en la calle es motivo de enorme curiosidad. Quien suscribe, no olvida, desde la primera vez que lo vio, el impacto que le causó tan entrañable comportamiento, a pesar del sentimiento que ocasiona el padecimiento de la enfermedad. Supongo que sean muchos los vecinos de Ramiro Valbuena y calles adyacentes testigos de esta hermosa dedicación. La diaria coincidencia acrecienta la curiosidad ante la visualización reiterada de este hermoso cuadro, con la esperanza de sacar adelante al héroe de esta sencilla atención.

Durante un largo período de tiempo, no llega a posar en el suelo las patas inmovilizadas. Brutus tiene ya nueve años, y de ese tiempo transcurrido pasó mucho incapacitado. Pasado ese amargo período, comienza a rozar ligeramente las patas en el suelo, y aunque la mejoría se retrasa, persiste el delicado esmero en darle una vida de esperanza. Más adelante empieza a posar con más ahínco, y notan que el carácter del animal va cambiando con muestras de agradecimiento. La alegría que demuestra con su comportamiento es signo evidente de que la evolución va por buen camino, y comienza a ser más rápida. El sacrificio no ha sido en balde.

Llega el momento de abandonar el paño que le ha ayudado en el duro peregrinaje, y dedicarse de lleno a posar y mover las patas, llegando a alcanzar un ritmo de paseo muy aceptable. La recuperación está asegurada. El tiempo se encarga de demostrarlo. Hoy ya juega y corre, como deber que le exige el origen de su especie.

No queremos despedir este cariñoso homenaje a Brutus, sin hacerlo por partida doble incluyendo también a la ejemplar pareja, Pablo y Tirza, que hicieron posible su recuperación. La suerte de la mascota tuvo un feliz destino. Que vuestro ejemplo sirva a los demás para tratar a estos animalitos como se merecen y enseñarnos a ser conscientes de la felicísima fidelidad que dispensan a quienes los acogemos.

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