LA TRÉBEDE
Los caballos de la feria de San Martín
P ara los leoneses que viven en el sur de la provincia de León el 11 de noviembre es una fecha mercada con entusiasmo desde el siglo XIV. En el año 1558, dice el historiador Cipriano Robles, que se escribe una carta ejecutoria en Valladolid para que «en la ciudad de León no se celebrasen ferias quince días antes y después del 11 de noviembre, fecha de la renombrada feria de San Martín».
También los Reyes Católicos concedieron a la feria de San Martín de Mansilla de las Mulas un privilegio especial por la importancia que tenía para la villa los impuestos que recaudaba con la entrada de mercancías y animales. En un principio y hasta que los transportes se hicieron más rápidos la feria duraba una semana. Cuatro y cinco días antes del día 11 comenzaban a llegar rebaños de vacas, terneros, ovejas, cabras, caballos, yeguas, cerdos, gallinas conejos, etcétera, que alquilaban prados, cobertizos, cuadras y cuanto servía para alojar animales.
Por otro lado compradores y tratantes con los bolsillos llenos de fajos de dinero llenaban las pensiones y camas libres en casas particulares, restaurantes y casas de comidas. La vida de Mansilla se alteraba y corría el dinero «a espuertas». Hasta las mujeres de vida ligera aprovechaban este evento para acercarse a la villa con el noble fin de entretener y aligerar algunos bolsillos. No faltaban los judíos, cambistas, prestamistas y, como en todas las aglomeraciones, los amigos de lo ajeno.
La feria de San Martín del siglo XXI sigue congregando a los labradores procedentes de toda la provincia para ver las últimas novedades en maquinaria agrícola y terminar la jornada recuperando energías degustando los famosos bacalaos, los callos, la ternera guisada, regados con excelente Prieto Picudo en los restaurantes de la villa. Y los animales. ¿Dónde están los animales?
¿No hay animales a la venta?
Después de mucho buscar, por fin encontré los caballos, cientos de caballos, miles. ¿Dónde? Al final de la Avenida de la Constitución veo la exposición de grandes máquinas, tractores, cosechadoras, empacadoras, etc, a los mandos de cada una hay jóvenes que, como Charlton Geston encima de su cuadriga en la película de Ben-Hur, conduce los 100, 200 y hasta 400 caballos (HP) con los que surcarán los campos del sur de León y de los Payuelos que próximamente recibirán el maná del agua de Riaño.
El campo se ha mecanizado y humanizado. Gracias a este avance los jóvenes vuelven al campo consiguiendo más y mejores producciones con menos esfuerzo. Se acabaron los tiempos en que los labradores arreaban las mulas, caballos y bueyes surcando los campos leoneses.
Se acabó el mercado de animales de San Martín. Son tiempos diferentes.