Diario de León
Publicado por
antonio manilla
León

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La tensión entre ser ave y ser árbol, nómada y sedentario, el hombre prehistórico la resolvió haciéndose cavernícola. No fue una decisión largamente meditada ni una solución permanente, por lo que sabemos, sino más bien dictada por las circunstancias entre migración y migración, una vez agotados los recursos del entorno. Tardó el hombre de las cavernas en hacerse casero, pero al fin tuvo que reconocer que la cueva era un avance respecto a las noches durmiendo al relente y expuestos a las fieras. Con el sol portátil del fuego, esas salas de piedra se convirtieron en resguardo y útero, que es el primer hogar del hombre. Los primeros decoradores surgieron, tintando de oligisto el perfil de sus propias manos sobre la roca, garabateando vulvas y falos, remotos humanoides, cuadros de caza. Santuario y rito en el lugar más apartado de la casa. Arte y misa en el sótano. Primer museo. Allí también se contarían las primeras ficciones y se ensayarían los primeros versos, surgirían las primeras melodías silbando a través de un hueso agujereado y los primeros ritmos musicales golpeando el tambor de la badana retensada de una presa.

A poco que se piense, es casi seguro que la mayoría de los bienes que los hombres han regalado a la humanidad ha sido fruto del esfuerzo de un ser primordialmente casero. Pero no, en sentido estricto, solitario. Bajo el perfil de lo hogareño casi siempre hay una sutil red de presencias y dependencias que convierten la soledad en compañía. Y, cuando no, ahí está el recurso de irse al bar, que es la plaza común de las almas solas. Se me dirá tal vez que muchos grandes logros son sociales, colectivos, tormentas de ideas, y admitiría que es cierto pero seguiría sin saber si, puestos a intervenir a un ser querido, lo sometería a una votación o lo dejaría en manos de un cirujano.

El progreso no sé, pero el universo de las ideas debe más a los espíritus templados al calor de una mesa camilla que a los aventureros de camisa remangada caminando sobre la helada piel del polo. En la eterna dicotomía entre el pensamiento y la acción, que tan pocos frutos entreverados ha llegado a ver la historia, a mí me parece que en general se ha impuesto por goleada la pantufla contra la alpargata, aunque la alpargata sea más antigua.

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