Diario de León

FLORES DEL MAL

París sobrecogida y Pablo en el limbo

Publicado por
GONZALO UGIDOS
León

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P ara Rousseau, que no llegó a tiempo de conocer la tele, el invento de la imprenta era diabólico porque multiplicaba la estupidez de la gente. Ángel Ganivet, que no conoció Internet, atribuía a la luz eléctrica una lamentable influencia sobre la vida familiar porque estimulaba la dispersión individual a diferencia de la lámpara de queroseno, gregaria por naturaleza. Es verdad que el progreso tiene efectos secundarios no deseados, pero quien crea que es un error que pruebe a sacarse una muela sin anestesia y aprenderá con dolor que lo que aborrecemos no siempre es peor que su contrario, porque lo contrario de un error puede ser otro error más gordo. Si el capitalismo, por ejemplo, es un desastre, ¿qué decir del maoísmo?, de lo cual se deduce que huyendo del perro podemos toparnos con el lobo.

Siento simpatía por Podemos, esa izquierda romántica que impugna este perro mundo, y no me cuesta nada compartir sus diagnósticos; pero el hecho de aspirar a una sociedad mejor no nos obliga a ser idiotas o a comulgar con piedras de molino. Con París sobrecogida ante los cadáveres y el dolor, Pablo Iglesias no solo eludió sumarse al pacto contra el terrorismo yihadista —como había eludido firmar el pacto en defensa de la unidad de España— sino que con su entusiasmo idiosincrático, propuso crear un comité de expertos en resolución de conflictos para acabar con la bicha. Yo me acordé de este comentario de Kirby: «Un comité es la única forma de vida que tiene doce estómagos, pero carece de cerebro». Podemos emergió denunciando males reales, pero su recetario cuando no es delirante, es voluntarista. Llamamos voluntarismo a forjarse una imagen de la realidad tal como nos gustaría que fuera, investir esa imagen de un aura ética, y suplantar la realidad con esa imagen. El voluntarismo es pariente cercano del mesianismo y del pensamiento mágico; o sea, supersticioso. No tiene, pues, que ver con ser de izquierdas o de derechas sino con la falta de sentido común.

Decía Herder, otro romántico, que el hombre se ennoblece con bellos prejuicios; vale, pero si fuera eso cierto a Pablo Iglesias le vendría bien embrutecerse un poco, bajarse del púlpito del buenismo y aceptar humildemente que tan malo es matar moscas a cañonazos como pretender apaciguar al tigre con sermones. A grandes males grandes remedios, no hay mejor fórmula. Si Gandhi tumbó un imperio es porque aunque Churchill no era un santo, tampoco era al Baghdadi. Dado que el entusiasmo es lo que mueve el mundo, es una lástima que el de Iglesias prefiera el queroseno a la luz eléctrica. Podemos cae en la irrelevancia porque se ha encaramado a los cielos, no le vendría mal aterrizar en el suelo. De ahí no se cae uno.

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