TRIBUNA
Don Mariano y los otros…
D esde que el señor Rajoy tomó parte en distintos cargos del Gobierno del señor Aznar, en la alta política, he venido siguiendo los pasos de su magnífica trayectoria de excelente ejecutivo, y sin duda alguna colmó mi admiración con la encomiable gestión que llevó a cabo solventar con grado de excelencia el gravísimo accidente del nunca olvidado Prestige. Tanto el desplazamiento a alta mar como su implicación ecológica, en cuya recuperación contribuyeron de manera especial los voluntarios limpiando el vertido del sucio chapapote, fueron muy importantes.
Pero además, el deterioro de toda la zona afectada suponía una catástrofe económica de enorme magnitud. Fue ahí donde opositó con matrícula de honor al dejar a todos los afectos en condiciones económicas muy saludables. Toda una gran gestión a pesar de los ‘nunca mais’ y sectas paralelas manipulando la opinión popular con el maldito percance. La Coruña y toda la zona dañada contaron con la buena suerte del mejor gestor.
Una vez lanzado a la Presidencia del Gobierno por mayoría absoluta, se encontró con un tsunami económico desproporcionado. Los cretinos malintencionados lo olvidan con facilidad. Las ‘sectas’ vienen maldiciendo su gestión en lugar de cooperar al saneamiento, dedicándose a boicotear los medios y la forma que está empleando. Nadie puede poner en duda que está consiguiendo la ansiada recuperación, aunque de momento no llegue a todos con la misma solidez. El nefasto desempleo en cuya erradicación ha puesto con los medios legales toda su voluntad e interés, se va superando aceptablemente. Con fe y por el camino elegido serán muchos los que en breve plazo lograrán alcanzar una ocupación.
La ominiosa corrupción de la que la oposición en pleno viene acusando al señor Rajoy de «capo» necesario, es una de las «lisonjas» más perversas que rebuznan los enemigos, al referirse a cualquier de los casos que aparezcan en los medios más alarmistas: Gürtel y Bárcenas, por ejemplo. La Justicia, como vehemente colaboradora, contribuye a que los ciudadanos tengan sospechas infundadas al no sacar a la luz con más diligencia los entresijos de las tramas. Solamente son corruptos los que practican tan reprobable codicia.
Del contencioso sobre Cataluña, según recalcitrantes sediciosos, es el señor Rajoy el «paladín» responsable del desafío soberanista. La memoria es traicionera, se olvidan de que fue el funesto Zapatero el que regaló a los catalanes el derecho a decidir. Por la lógica de los «asnos» tiene el señor Rajoy que arreglar el desleal y traicionero desaguisado. Ha puesto en marcha una ley facultando al T.C. para que las sentencias dictadas por esta institución se cumplan y ejecuten a rajatabla. Toda la oposición en tromba sale a condenar tan lógica solución. Todos estos malentendidos los mueven aires de conspiración.
Cuando el actual secretario del Partido Socialista se hizo cargo de la dirección, se esperaba un cambio sustancial en la manera de hacer política que posibilitara un cierto entendimiento con el Gobierno para poder sacar a España de la anemia económica que padecía. Este señor, por el contrario, salió con aires destemplados a establecer estrategias tan incomprensibles como inviables. Creó una barrera infranqueable, negándose en rotundo a acuerdo práctico alguno. De ahí los enredos con la extrema izquierda y los populistas para desbancar al presidente, única obsesión de su esperpéntica aparición en la política. Con repugnante cinismo acusa al señor Rajoy de gobernar para la extrema derecha. Es un trapacista compulsivo. El partido socialista no se merecen tan necio representante.
En cuanto al líder de Ciudadanos, esperaba más. En algunos de mis anteriores escritos mostré confianza de que llegaría como buen elemento para el futuro de la política, pero las últimas maniobras y la estúpida obsesión por largar al señor Rajoy, le descalifican por falta de sensatez. Sobre la crisis con Cataluña, acusa al presidente de haber desatendido las exigencias que plantea la región. Esta falsa acusación le ha proporcionado un buen resultado en las urnas. Ojo, que sus intenciones, bien pueden albergar un velado germen nacionalista. Se atreve a declarar que la economía no es lo más importante para el buen gobierno del país. ¿Cómo solucionaría las penurias de los ciudadanos que están padeciendo la crisis? ¿Contándoles el cuento de Caperucita?
De la estirpe de la «casta» podemita, Grecia, Cuba y en especial Venezuela son el espejo donde se miran sus «seguidores», para dar a sus «mitos» la categoría de «Mesías» salvadores, salidos del vertedero de la Complutense, F.C.P. y así embelesar al «ganado» que apacientan, saltando de entusiasmo con «la danza de los aplausos», y amenizar los aquelarres que organizan. No merecen más consideración.
En cuanto a UPyD, los últimos resultados electorales marcan la deriva. Con insultos y descalificaciones permanentes al señor Rajoy, no se hace política. Se quebrantan, en cambio, los principios de la dignidad y la razón.
Los nacionalistas siempre a lo suyo, sacar «tajada» del «puchero» de la Metrópoli y degradar al presidente.
Al señor Aznar, pedirle que sea más discreto en sus declaraciones. El señor Rajoy no es un pusilánime como deja entrever. Las circunstancias le obligan a ser muy prudente. No se trata de provocar su honestidad y discreción. ¿Por qué usted no mostró más osadía, paralizando el proceso electoral con el fin de averiguar antes la autoría del dantesco atentado del 11-M, permitiendo a renglón seguido el desguace de una fila kilométrica de vagones, prueba fundamental para el esclarecimiento de los hechos? Aún no sabemos nada. Si no va a arrimar el hombro, dedíquese a ver pasar y contar nubes como predica su colega Zapatero.
A los medios de comunicación y opinión, que sean justos a la hora de valorar el gran esfuerzo que está realizando el señor Rajoy y su Gobierno.
Sólo nos queda aconsejar desde nuestra humilde posición a los ciudadanos y ciudadanas de este país, que no se dejen «arrullar» con cantos de sirena ni promesas que jamás podrán cumplirse.
La situación económica va mejorando, el empleo va despegando con resolución. A los que aún en el paro, pedirles un poco de paciencia. Sin duda alguna les llegará una ocupación. El señor Rajoy y su Gobierno están haciendo un esfuerzo impagable. Los otros…, ni tienen ideas ni están preparados para tal cometido. En esta coyuntura, don Mariano o ¡el caos!