TRIBUNA
La atención en clase, el mejor puente
M uchos alumnos deslumbran por su gran atención en clase. Están tan atentos que no puedes descuidarte. Están tan dentro de la clase que no puedes equivocarte, so pena que te descubran. Todos los profesores sabemos qué significa ese estudiante, rara avis. Eso no implica que ese estudiante sea el más listo, aunque en apariencia te haga pensar en ello. Te mira y hablas para él básicamente. Cuántas veces, sin embargo, hablamos en el vacío de la soledad. A veces, ante la inapetencia del auditorio nos dan ganas de acabar y marchar a casa. Quizá sigamos por seguir, sin pensar en el vacío que nos corroe por dentro.
Son los dos polos de la enseñanza: alumnos que pasan y alumnos que tratan de absorber cuanto se les dice. Es cierto que no siempre, por desgracia, van de la mano atención y saber, pero sería la moneda única que todos desearíamos tener a nuestro alcance. No me extraña que Pablo D’Ors, autor de la magnífica novela Lecciones de ilusión, haga tanto hincapié en esta virtud. La atención es el aval más cotizado hoy día en este vaivén de correspondencia. Ahora que parece que la clase magistral ha pasado a mejor vida y se impone el activismo, es extraño que aparezcan esas personas dotadas de la gran virtud de la atención.
Quizá la atención haya que ganarla, no sé. Es como casi todo, nunca sabe uno qué es lo primero si el huevo o la gallina, si la afición o el equipo. Ignoro quién debe dar el primer paso. Posiblemente, tengamos que ganarnos la atención de nuestros alumnos mediante argumentos de proximidad e interés. Recuerdo que siendo profesor, en aquellos albores de la reforma educativa –una de tantas- vino un conferenciante leonés y nos dio unas lecciones de pura vida. Nunca lo pasé mejor. Nunca me reí tanto. Y eso que se limitaba a retratarnos en el día a día de la enseñanza. Era esa realidad dicha con unas palabras trenzadas la que nos rindió a su magia. No dijo nada del otro jueves y nos conquistó.
El alumno atento se inmiscuye en el proyecto del profesor y colabora activamente en el fin último. Avanza y hace avanzar al profesor, recibe y da a la vez, toma y anima, suma y sigue. Mientras el alumno molesto interrumpe y rompe la magia de la docencia, el atento eleva y fragua el mejor método de enseñanza aprendizaje posible.
Algunos piensan que un alumno atento puede superar con suficiencia la tarea que se le encomiende, a diferencia del que se distrae o está con el alma fuera. En realidad el que atiende suele tomar notas de lo que oye y procura subrayar las cuestiones que no ve claras. Es ya una manera de estudiar. No basta, pues, en ningún nivel de exigencia, con asistir, hay que participar activamente del momento que nos toca vivir. Estoy en el aula y escucho atentamente las explicaciones del profesor o de un compañero y así voy asimilando el contenido nuevo que se me vaya ofreciendo. Luego, a solas, bastaría con un mero repaso o una consulta de ampliación para asentar esos contenidos impartidos. Quien escucha y atiende tiene mucho adelantado, aparte de que le resultará más ameno el estudio diario.
Con razón algunos se aburren y están deseando que acabe la clase para salir a la calle. A mí me parece insoportable la serie de horas que un alumno aburrido soporta en el colegio. No deja de ser una tortura mental de gran calado y de difícil aceptación. Por eso, solía aconsejar a mis alumnos que se implicaran en la tarea escolar, al menos con la atenta escucha activa. Era una manera de que el tiempo se pasara con rapidez. Era la única manera de no aburrirse como una ostra. Palabra de profesor. Si uno se mete en la tarea escolar al final lo pasa mejor y puede sacar rendimiento a su paso por las aulas. Quizá se acostumbre a saber sufrir y a experimentar lo que la vida le puede deparar en un momento determinado. Porque uno no está siempre a gusto ni divertido. La vida puede resultar difícil y hay que ir caminando por caminos de muy distinta catadura.
La atención y el posterior trabajo en equipo son las dos armas más firmes en la enseñanza en los primeros niveles de la enseñanza. Con la atención, te metes en el complejo camino del aprendizaje, te asocias a la tarea del profesor. Con el trabajo en equipo contrastas las ideas y aclaras los conceptos. Ahora ya está uno en disposición de asimilar cualquier lección. Ahora ya puede uno mirar al frente y enfrentarse al reto del aprendizaje. Palabra de profesor.