LA TRÉBEDE
Terrorismo versus turismo
G rupos de terroristas, como nuevos bárbaros, siembran el terror en Mali, Argel, Egipto y París asesinando a personas inocentes e indefensas al grito de «Alá es grande». El Papa Francisco ya ha dicho «usar el nombre de Dios para justificar esta masacre es blasfemia». ¿Dónde está el origen de esta barbarie? Efectivamente no es religioso. Es la lucha por el poder entre tribus islámicas que viven una guerra interna desde hace once siglos y que han despertado cuando Estados Unidos desmanteló el ejército de Irak. Sus mandos abandonados en campo neutral encontraron en los tribus suníes y el Estado Islámico su oportunidad para reiniciar la actividad bélica y doblegar a los chiíes, en el poder en Irak y a los Alauíes de Siria.
En Junio de 2014 los yihadistas de Isis, Isil, Daesh... proclaman el Estado Islámico en terrenos de Siria e Irak con la clara intención de ocupar, ampliar y quedarse en ambas naciones. ¿Quién compra su petróleo? ¿Quién les vende las armas? ¿Quién les abastece de tecnología punta?
En la reunión del G20, este mismo mes en Turquía, se oyeron voces que decían que alguno de los piases allí presentes estaban colaborando económicamente con los grupos terroristas.
Francia inicia su guerra individual. Rusia la suya. Mientras llegan los terroristas a Europa por tierra, mar y aire sin que Europa reaccione para garantizar la seguridad del continente europeo, con una sola voz: la unión hace la fuerza y la desunión nos hace más débiles.
El mundo occidental espera que sus gobernantes olviden los intereses personales, regionales y nacionales para tomar decisiones y actuar conjuntamente.
De poco nos sirve una Europa económicamente unida y fuerte si no puede defender a sus ciudadanos de estos bárbaros. De poco nos sirve la Onu con muchas reuniones y acuerdos si no es capaz de parar los pies a las naciones que colaboran con los yihadistas.
Mientras, la actividad turística, tan sensible a cualquier riesgo, sufre la inseguridad: El ciudadano normal reduce sus salidas de casa, deja de frecuentar los locales de diversión y se replantea la salida de vacaciones. Los yihadistas han fijado sus objetivos en líneas aéreas, bares, restaurantes, discoteca y hoteles cargándose no solo a los clientes, sino también a camareros, pilotos, azafatas y empleados de hoteles que en cumplimiento de su responsabilidad trabajan para que sus clientes coman, beban se diviertan y disfruten de sus viajes o unas merecidas vacaciones. Uno de sus objetivos del terrorismo es cambiar nuestros hábitos. ¿Hasta cuándo vamos a dejar que unos fanáticos cambien nuestras buenas costumbres bien ganadas en democracia, con mucho esfuerzo y sacrificio? No podemos consentirlo.