FRANCAMENTE
De aniversario
N o recuerdo con exactitud que es lo que hacía por aquel entonces, pero sí sé que mis circunstancias eran bien distintas hace dieciocho años. El tiempo pasa y con él caducan los sueños, las esperanzas y los anhelos. Las ilusiones surgidas entonces, a la vuelta de casi dos décadas, deberían haberse presentado ya en sociedad, demostrando al mundo y convenciendo a los lugareños —que acogieron el reconocimiento como un premio gordo de la Lotería de Navidad por anticipado—, de que parte de nuestro futuro pasa por ahí.
Sí recuerdo que fue en torno a media tarde de un día tal que hoy, 4 de diciembre, pero del año 1997, cuando se confirmó la noticia. Recuerdo que todos hicimos propósito de visitar Nápoles en peregrinación e incluso que nos hicimos de la Unesco, como si fuera el club de nuestras vidas. Recuerdo también los excesos verbales de los primeros momentos, con propósitos exagerados, de los que comenzamos a desconfiar en el mismo momento en el que comenzaron a surgir como setas comités de apoyo, mesas de seguimiento y demás agrupaciones con tan buenas intenciones como nula capacidad de materializarlas. También de las ansias entremezcladas con egoísmo de todos los que se creían con derecho de pernada en esos pinachos rojos en su intento de sacar tajada del nuevo escenario. Incluso de estos dieciocho años también recuerdo el encontronazo de un monarca, propenso a los tropezones, con el erizo de uno de sus castaños.
No recuerdo tan bien, o tal vez he preferido olvidarlo, si llegaron las inversiones que nos prometieron equipararnos con el otro paisaje natural de la Comunidad que mereció tal distinción, no si los lugareños ya dejaron de ser los paganos de esta distinción o si las administraciones ya han llegado a un entendimiento sobre quién es la que debe tutelar el ‘juguetito’.
Me imagino que hoy, al cumplir su mayoría de edad y al apagar sus dieciocho velas, volverán a formularse deseos y a expresarse propósitos de enmienda. A plantearse los buenos proyectos de futuro que todos tenemos, aunque sea en lo más profundo de nuestro cajón del escritorio, para Las Médulas. Dieciocho años que igual que marcan su supuesta mayoría de edad, le darían la oportunidad de votar el 20-D.
Y lo más seguro es que nos ‘botara’ a todos... ‘fora’.