TRIBUNA
El peligro del Islam

¿ Por qué un título tan ambiguo como el que encabeza en un pequeño artículo sin importancia dirigido a un una ciudad que, año tras año, va escalando las más altas cotas de… la insignificancia?
En cualquier medio de comunicación habría que apartar de la mirada las lentes que condicionan el color de la realidad y darle la justeza que necesita para que, cuando se transforme en palabra, permanezca lejos del desatino. El peligro del Islam es un título que, en estos días, atrae la curiosidad morbosa. Nuestra mirada se ha confundido gravemente calentándose, coloreándose en los medios de comunicación que han encontrado un asunto «ideal» para opinar, mover emociones y poner un estigma sobre toda una cultura que se siente como foránea y enemiga. Así es, por más que nos cueste admitirlo. Todos somos víctimas de París y el primer derecho de la víctima es maldecir del verdugo. Pero ¿verdaderamente el Islam es un verdugo? El hecho de que unos tarados asesinos griten en árabe la frase ritual de alabanza a Dios, la que se usa en los momentos importantes de la vida y en el sacrificio animal «al’lahu akbaar»: el hecho de que la usen mientras asesinan a cientos de personas, nos hace comprender el peligro que encierra una doctrina ciega para nosotros. Pero una condena sin paliativos de los hechos y el castigo (¿por qué no revisar la pena de muerte?) de los asesinos no puede llevarnos al odio de toda una cultura que nada tiene que ver con esos hechos. ¿Podemos en este momento condenar de manera acrítica a todo el Islam? ¿Acaso no estamos cometiendo una grave injusticia, comprensible, pero grave? ¿No se han levantado voces aterradas entre los musulmanes que niegan que esas conductas sean islámicas? Muchos alemanes conocen este triste juicio poco meditado que ha pesado sobre toda la nación durante sesenta y cinco años. Millones de alemanes que sufrieron la opresión y el miedo lo mismo que los demás europeos, que ni supieron ni tuvieron valor para la rebelión, y más aún, que ni siquiera habían nacido cuando «aquello», han tenido que soportar el desprecio y el sarcasmo de los demás europeos. No es infrecuente que hoy mismo se relacione a su Presidenta con el nazismo. ¿Acaso no es esto una falta absoluta de perspectiva?
Si alguien intentara romper una lanza a favor del Islam en estos días experimentaría el peligro de que le rompieran la lanza en las costillas.
El peligro del Islam es un sintagma que señala que el Islam es un peligro para Occidente. Lo cual es positivamente falso y digo más: mentira. Porque «falso» puede indicar solo error mientras mentira es voluntad de llevar a error a alguien. Esos tarados de París que se titulan religiosos, son una jarca de gilipollas que gritan, desde el analfabetismo total, su pretendida fe para justificar el crimen. El colmo del cinismo.
Se suele argumentar con las suras coránicas sobre la guerra santa. Sobre la guerra en efecto, hay una cantidad considerable de frases que en su día fueron operativas, pero que están desactivadas en el Islam cotidiano, esa religión que vive el hombre sencillo que sabe que no se debe dañar al vecino ni al lejano. Esa religión nada tiene que ver con le grito de esos imbéciles fanatizados por algún imán tan tarado como ellos. La práctica religiosa del bien entre los musulmanes ha hecho de la moderación bandera. También el cruel Dios del Antiguo Testamento ha moderado su radical exigencia y el cristiano, ni por pienso, piensa en seguir aquellas mandas bíblicas contra otros pueblos y otras religiones. Pero sí. El tonto, el gilipollas, el analfabeto puede despertar en esas suras y volverse un tipo sanguinario. No ha entendido el resto del mensaje coránico que habla de bondad, generosidad, compasión o respeto porque no sabe leer ni en sentido material ni, sobre todo, entendiéndolo en su historia y su contexto. El «Islam» (ahora sabemos qué Islam miserable) se vuelve un peligro para otras culturas. Gustaría que los verdaderos mahometanos cerraran la boca de esa gentuza que lo practica. Pero alguien lo maneja con precisión de reloj suizo.
Sin embargo hay otro significado oculto en el sintagma. «El peligro del Islam» es frase que habla del peligro que corre el Islam. Un grupo que se fanatiza dentro de una sociedad, se vuelve peligroso para la misma. Una ideología desgraciada que se llena de odio y que conoce el Corán de oídas; una ideología simple que se nutre de descontento social; cuatro ideas de «metafísica religiosa» que trasforman la cobardía en heroísmo y el suicidio en martirio; un fracaso escolar acompañado de un adoctrinamiento en la madrasa que pretende dar grandeza de alma y alta sabiduría al escolar más negado para el pensamiento; un principio blasfemo de «servicio a Dios» asesinando; una frustración social de fondo que, en el tontaina, solo genera odio irracional hacia sistemas de vida diferentes en los que, curiosamente, y generosamente fue educado; todo esto no puede confundirse con la religión mahometana. Si hay en el Corán, como queda dicho, un grupo de suras que hablan de la guerra y el combate al enemigo, eso no mueve hoy a ningún buen musulmán, como tampoco los mandatos del Dios bíblico mueven hoy a ningún cristiano a ejercer la violencia contra nadie. Así pues, el Islam está en peligro de tergiversación y de convertir el Corán en un manual de revolución, guerra y destrucción. Esto es: el Islam con minúscula es un peligro para el Islam. La perversión religiosa es el primero y más grande peligro para esa religión.
Diez años viví en Marruecos y conviví con amigos y familias de amigos absolutamente generosos, hospitalarios y deseosos en todo momento de ayudarme y protegerme. Es cierto que yo me sentía diferente en su mirada, y que sus ojos eran críticos o perplejos ante determinadas conductas del amigo extranjero que yo era, pero la tolerancia coránica se limitaba a comprender que mi comportamiento era así porque era «arrumi», (romano-cristiano) diferente porque desconocía las ventajas de la fe del Profeta.
El Islam sencillo, pacífico, generoso y hospitalario, cortés y caballero, respetuoso con los demás el Islam de la gran mayoría está en peligro. Estamos ante el tesoro amenazado de una gran cultura. Quizá los occidentales, laicos y desentendidos de todo lo religioso debiéramos dar un grito de alarma por el peligro de extinción ante esas prácticas que se dicen ortodoxas y son sencillamente criminales. En manos de esos idiotas el Islam se convierte en fuente del mal, cosa que contradice su mensaje más profundo. Occidente reaccionará con la misma brutalidad proporcional a la sufrida, pero ¿contra quién? Por eso, el Estado Islámico debe desaparecer antes de que sus formas inoculen el odio en el propio Islam.
Los buenos musulmanes tienen que abandonar su tierra y buscar en tierra de infieles seguridad para su propia vida. Y… entre ellos sin duda vienen esos fratricidas miserables de París y Beiruth, de Madrid y Damasco o Bagdad. Porque son crímenes contra la Humanidad: crímenes de lesa humanidad contra creyentes musulmanes y creyentes o no creyentes occidentales.