Diario de León
Publicado por
maría j. muñiz
León

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P ara herencia de Gobierno, la que le va a dejar el actual del PP al que le suceda a partir del día 20, sea de su partido o no. La minería le va a salir muy cara a quien herede la obligación de pagar los entuertos que el ministro Soria ha liderado en estos últimos años. Ayer mismo el Consejo de Ministros tuvo que aprobar el pago de casi 43 millones de euros a las dos grandes empresas de lo que fue el grupo minero privado más importante del país, el de Victorino Alonso. Le negaron las ayudas de 2012, y ahora tienen que devolverlas con intereses. También la Hullera Vasco Leonesa ha recibido una parte de las ayudas que le obligaron a devolver en 2006, según la justicia de forma irregular.

La decisión de cortar el grifo de las ayudas, hasta ahora imprescindibles para el funcionamiento de las empresas mineras, según estaba establecido y al margen de lo que se decidiera de cara al futuro, ha provocado una cascada de despropósitos. Quebró la estructura económica de las empresas y con ellas sentenció su viabilidad y su futuro. Incluso llevó a perder la propiedad de alguna de ellas, cerrar explotaciones,...

Las empresas mineras no se van a quedar de brazos cruzados. De hecho, han comenzado a presentar ya reclamaciones al Gobierno por el daño patrimonial (en muchos casos irreparable) que les han causado sus arbitrarias y caprichosas decisiones. Una reclamación millonaria (casi cien millones en una primera tanda entre las empresas de Alonso y la Vasco) que se irá incrementando como una bola de nieve en los próximos meses.

Dado que los argumentos para asfixiar económicamente a las empresas son los mismos, repetidos, que ahora rechazan las altas instancias judiciales, es previsible que la mayor parte de los pleitos acaben con condena al Ejecutivo de pago de daños más intereses. Una cuenta millonaria que amenaza con crecer, porque también serán más empresas, incluso algunas instituciones y administraciones, las que reclamen el daño patrimonial causado por la necedad del Gobierno de Rajoy y su empecinamiento en su política contra el carbón nacional.

Todo eso en la parte de lo cuantificable. Pero ¿cómo se salda el daño irreparable? ¿Cómo el sufrimiento de las familias y sus dificultades económicas? ¿Cómo los planes de vida cercenados porque el futuro se les negó de repente? ¿Cómo el trabajo que ya no podrá ser? Eso, lo que no puede pagarse, es lo que realmente duele. Probablemente habría llegado el fin de la mina. Pero nunca debió ocurrir de esta manera.

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