Diario de León
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paco balado
León

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N o son, las del próximo domingo, unas elecciones más. El panorama político español ha convulsionado desde 2011 de forma tan ostensible que, hoy, último día de campaña, no se puede aventurar un resultado fiable. Tiempo habrá de analizar políticamente las causas de este cambio que anticipan las encuestas y debe ser ratificado en las urnas, no sólo en las televisiones. Daría para una tesis doctoral el estudio del comportamiento electoral y la influencia que en él tiene, además de la crisis que padecemos, las sorprendentes oscilaciones en la intención de voto apreciadas en las encuestas en los últimos meses y la presencia insistente, casi perpetua, de algunos candidatos en los horarios de máxima audiencia de las principales cadenas privadas de TV durante la legislatura que ahora termina. Lo cierto es que la expectación sobre lo que ocurrirá en la jornada electoral del 20-D y sobre las hipótesis de gobierno posteriores, hasta ahora inexploradas en el actual sistema político, ha aumentado exponencialmente.

Pero no debemos olvidar que España es un país complejo, plural y que ha ido conformándose, a lo largo de siglos, con una dualidad rural y urbana evidente. También es un país crecientemente envejecido. Hoy, ya mueren más personas que nacen en España. Y estos son factores con trascendencia política incuestionable. La campaña electoral ha dado muestras de su importancia con muchos mensajes centrados en el mundo rural, lo que no era habitual en anteriores comicios generales.

La provincia de León es un ejemplo paradigmático de lo que digo. Dualidad rural y urbana, envejecimiento, despoblación creciente. Sin embargo, todavía más de cuatrocientos mil leoneses estamos llamados a votar el domingo y nuestro voto vale igual, quizás más, por la ley electoral que tenemos, que el de un barcelonés o un valenciano, por ejemplo.

Es probable que el resultado de estas elecciones ratifique las tendencias que las encuestas y los programas televisivos han ido marcando en los últimos años, con evidente protagonismo de los partidos emergentes, pero también estará condicionado por el hecho corrector que supone la realidad social y territorial española.

Pero ahora no es tiempo de análisis geopolíticos. Es tiempo de expectativa y, sobre todo, de animar a que el domingo, se vote. Un voto masivo traslada el mensaje de que el sistema funciona, que nos interesa y preocupa nuestro futuro y decidimos. En un sistema abierto y democrático como el que disfrutamos, somos los protagonistas de nuestro destino colectivo. Aunque su reformulación y vigencia sea un debate abierto, el sistema representativo permite apostar, periódicamente, por otorgar la confianza mayoritaria a los actuales mandatarios o cambiarlos. Esa es la grandeza del sistema. Y está en nuestras manos que así continúe siendo.

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