Diario de León
Publicado por
antonio manilla
León

Creado:

Actualizado:

E l magnífico poeta soriano Fermín Herrero, último Premio Castilla y León de las Letras, piensa que internet es el manicomio del mundo y yo creo que la televisión es su circo cotidiano: un escaparate de sensaciones donde tienen cabida el hombre bala, la equilibrista sobre el alambre, el domador de fieras, el payaso triste y el mago alegre. Provisión de espectáculo para tardes jubiladas del cauce productivo de la vida y noches derrengadas por el trabajo corriente de cada día, la función de la televisión ha quedado enmarcada básica y definitivamente dentro del género de entretenimiento.

Hubo un tiempo, no tan lejano, cuando la 2 todavía era la Segunda, en que se intentó erigir otra televisión: una cadena con la cultura como bandera. Pero es tan cierto que la mirada es pasiva como que la cultura no es ocio. Una persona cultivada disfrutará con una obra de Shakespeare o con una sinfonía de Schubert, pero, objetivamente, el arte no puede competir en valores de evasión con el espectáculo, es decir, aquello que funda su competencia en la emoción por lo general inmediata o a corto plazo. El de la cultura es un valor de intromisión, mientras que el del espectáculo lo es de pasatiempo. En el combate entre lo profundo y lo superficial, se impuso lo epidérmico.

En ese cóctel de arañazos y cosquillas a que ha quedado reducida casi cualquier parrilla de programación, con sus gozosas y minoritarias excepciones, el cometido de la televisión consiste en amenizar las horas muertas, acompañando a ese paso del tiempo por nosotros que no deja cicatrices, descansando la mente, sintonizando el alma no tanto con el mundo como con su representación guionizada, pues si la realidad no se aviene a espectáculo, el espectáculo se acomoda a la realidad mediante su ficcionalización. Tal vez esta sea la razón por la que la actualidad televisiva casi siempre parece revenida.

¿Habremos llegado a un punto en que otra televisión ya no sea posible? La dictadura de los índices de audiencia, que son un referendo diario y una apoteosis democrática que vienen a canonizar el gusto mayoritario, ¿nos hablan más bien mal de nosotros mismos como sociedad o como público? Piénselo la próxima vez que vuelva a sentir asco ante el televisor. La respuesta no debería ser apagar el aparato o privatizar la calidad mediante los canales de pago por cable.

tracking