LEÓN EN VERSO
León rotonda
L a rotonda fue un símbolo de desarrollo; León pasó tanto tiempo sin ellas, con la era del automóvil ya en plena eclosión y decadencia, que la ansiedad se apoderó de los conductores el primer día que se tuvieron que enfrentar a una intersección circular, entre otras cosas porque habían mitificado esa sensación desconocida de que se acaba el volante y no la curva; por eso, las mejores trazas eran obra de los jóvenes trasnochadores que, en la huida de los rayos del sol como vampiros de Abierto hasta el Amanecer, dejaban constancia de que la distancia más corta entre dos puntos era la línea recta; peana del león de Guanajato incluida. Ahí nacieron los nuevos iconos de la ciudad, en aquel vasto crecimiento de la urbe Bernesga arriba (en la última expansión de pisos que dicen las malas lenguas que fueron capaces de pagar las economías de la provincia, la agricultura y la minería). La rotonda del avión, la del auditorio, o la rotonda de la Junta (que no deja de ser una redundancia como el marisco con conejo). Así se igualó este León, tardío hasta para el gótico, con las grandes ciudades europeas, que cuentan en las principales arterias de circulación con una sucesión de anillos que en algunos casos llegan a distinguirse por numeración, con el fin de romper la monotonía que introducen en el paisaje. León puso tanto empeño en la solución rotonda que la última absorbió casi el tiempo de construcción que las pirámides en el apogeo del antiguo imperio egipcio; a año por carril. Con visitas oficiales y declaraciones, al punto de incluir la obra en los planes de progreso que los programas electorales contemplaron para esta tierra a diez o veinte años vista. Ahí quedó la gran rotonda con lago y bandera central, ajena al jaleo de tráfico que discurre a sus pies. Y al conflicto. La rotonda es una distinción para un territorio que tiene el clasismo como elemento de identidad. No eres nadie si no tienes un círculo para distribuir el tráfico, como la riqueza, a cien o doscientos metros de casa. Y aún perviven cruces limpios, al estilo de Tanzania. La rotonda es hoy fuente estadística; cuatro de cada cinco accidentes se suceden en las circulares; la probabilidad de ganarse una colleja en una glorieta es superior a encontrarse con unos del extrarradio de Madrid de cañas por el Cid en fin de semana. El golpe rotonda se basa en que quien va por dentro se sale a la derecha cuando le da la gana. Igual que en la política.