RÍO ARRIBA
Alerta: cuidado con los vividores
A llá por 1929 el Diario de León publicó un artículo que llevaba por título: ‘Alerta con los vividores en Laciana’, donde se avisaba de la llegada al valle de una caterva de sujetos licenciosos y perturbadores, contándose, entre otras anécdotas pasmosas, que el médico de la zona había recibido una medalla al mérito por negarse a atender a varios de ellos (imaginamos que aquejados de fracturas y contusiones). Quien quiera profundizar en estos hechos históricos y un punto rocambolescos no tiene más que pasarse por el Restaurante El Campillo, en Sosas de Laciana, donde aparece convenientemente ampliado en una de sus paredes. Es una de las muchas curiosidades que impregnan este espléndido local.
Sentados a una de sus mesas, mientras departimos con su propietario, Abel Díaz, cuya hospitalidad resulta conmovedora, reflexionamos sobre la figura del vividor, tan española como la del pícaro, y eso nos lleva a la jornada electoral que estamos viviendo en este domingo nuboso y desapacible. En el exterior casi se escapa el orvallo y las nubes se congregan como un grupo de matronas alrededor de las casas. El almuerzo es copioso y prometedor; la compañía grata y estimulante. Alguien sugiere un brindis y se pregunta, no sin sorna, si a partir de hoy los vividores tendrán las cosas más difíciles en la política del país o si, pasado un tiempo, las trapacerías y los desmanes volverán por sus fueros. Hay división de opiniones, pero uno de los comensales, mientras se mete entre pecho y espalda una caldereta de cordero, opina que la revolución higiénica durará unos meses y que las cosas no volverán a ser como antes. Hay quien sostiene, no obstante, que no tenemos remedio y que tarde o temprano regresaremos a la senda del desenfreno y de la corrupción.
Abel Díaz, ajeno a estas hipótesis, nos cuenta que su negocio se levantó sobre otro mucho más modesto, un mesón familiar, y que todo lo que vemos salió hacia adelante sin las ayudas y subvenciones a las que tan acostumbrados estamos en España: esas de las que se suelen apropiar iniciativas de postín, que ocupan pomposamente algún polígono y que luego se esfuman de la noche a la mañana como esos frívolos que, después de engañar a medio mundo, dejan a la chica abandonada al pie del altar.
Quedan unas horas para que se cierren los colegios electorales y con gesto de gratitud nos despedimos de este emprendedor inquieto y amable, a quien le quedan apenas unos días para ser padre y que, desde su modestia, nos hace pensar que lo que necesitamos en este país son personas como él: gente que apuesta por su comarca, que lo hace con pasión y que, a pesar de las dificultades, nunca se rinde. Incluso en momentos tan vertiginosos como éste.