TRIBUNA
El precio del petróleo y el cambio climático
E l ciudadano asiste satisfecho al descenso de precios en los carburantes en nuestro país. Comienza a verse el litro por debajo de la barrera de un euro, lo que no sucedía desde hace varios años. Las razones de tal reducción están unidas a un mercado con una oferta ilimitada y una demanda estancada o decreciente por razones económicas.
Parece razonable en esta coyuntura plantearse cuales son las razones que subyacen tras tan drástico y sostenido cambio en la tendencia de precios que ha venido a aliviar en los últimos 18 meses la situación de la economía general y de los consumidores en particular.
A comienzos de diciembre pudimos leer que la política que mantiene la Opec con su ausencia de límites a la producción estaría dirigida contra los países que obtienen petróleo no convencional, como Estados Unidos y otros, para intentar reducir o eliminar su producción, lo que se ha mostrado muy eficaz al producir una caída de precios sin precedentes, pero no en la desaparición del crudo de fracking.
Sobre un total de 15 millones de barriles al día de producción total, Estados Unidos obtiene en torno a 9,2 millones de barriles al día a través de la fractura hidráulica o fracking, una cantidad ligeramente inferior a la producción total de Rusia. Considerando solamente la estructura de Bakken en Dakota del Norte, su producción asciende a 1,2 millones de barriles al día, es decir una cantidad superior a la que producen Libia o Indonesia. No parece que el paso de 135 dólares barril a 35 dólares el barril, haya reducido de manera sustancial la producción de fracking como se pretende.
Pero analicemos otra derivada: la decisión de Arabia de continuar su pulso para rebajar los precios, tiene otra consecuencia inmediata que parece estar pasando desapercibida: la reciente cumbre mundial del clima de París, se ha comprometido a realizar reducciones en los consumos de energías fósiles con objeto de llegar a su sustitución a largo plazo por energías renovables.
Parece claro que con precios de petróleo iguales o superiores a 100 dólares por barril, las energías limpias han sido en términos económicos competitivas, aunque no sin dificultades como hemos visto en nuestro país recientemente. Sin embargo, la cuestión tiene una respuesta mucho menos clara si el precio del crudo frecuenta la zona actual de 35 dólares por barril. A esos niveles de precios, y si se trata de implantar sistemas energéticos no contaminantes y limpios, simplemente no pueden salir las cuentas nacionales.
Y ésta es una de las consecuencias a corto plazo que genera la decisión sin vuelta atrás por ahora de Arabia de presionar los precios a la baja. Con ella, no solo está afectando gravemente a las economías de algunos países como Venezuela y Rusia. Está también dirigida como un incruento misil, a conseguir que su único recurso, el petróleo, se mantenga como energía de consumo dominante en el futuro inmediato, y es evidente que donde hay consideraciones económicas, las de medio ambiente parecen difuminarse con rapidez.
Se trataría de que ese abaratamiento del petróleo desbanque en competitividad a las demás energías alternativas en el futuro, beneficiando a los países productores de crudo, y no se olvide que Arabia es el número dos en el mundo. El número uno es Estados Unidos. De esta manera se cierra el círculo, y lo que parece ser incomprensible alcanza a tener sentido.
Es así como de una batalla de precios que parece dirigida a poner fuera de combate a Estados Unidos, éstos podrían ser a la vez los beneficiarios. Ello explicaría la aparente pasividad de la Administración americana ante el empuje de Arabia, que parece carecer de explicación plausible hasta ahora.
En mi opinión, podría alcanzarse un punto de equilibrio en precios de petróleo, en torno a 40-50 dólares por barril, en el que el fracking sería competitivo, los países productores tradicionales minimizarían su padecimiento y revisarían sus estructuras presupuestarias de ingresos y gastos, y las energías alternativas no serían viables, salvo con enormes subvenciones difícilmente soportables por economías que no terminan de salir de la UVI.
El mundo así, estaría contra la pared en el reto del cambio climático al disponer de energías caras y difíciles de implementar como única alternativa a la energía ya conocida que aparecería como barata pero contaminante: el petróleo.
Finalmente, Estados Unidos aprobó recientemente la exportación de petróleo. Todo apunta a que las exportaciones se realizarían del crudo no convencional extraído a través del fracking. El crudo así obtenido es un crudo ligero con bajo contenido de azufre, lo que lo hará muy competitivo en los mercado internacionales, y esta decisión contribuirá a que continúe la reducción generalizada de precios en esta materia prima. Con la medida además, Estados Unidos optimizará su cesta de crudos, al exportar una parte de los de mayor valor, con lo que obtendrá una buena suma de divisas que le ayudarán en su ya saneada economía.
Previsiblemente, para que sea eficaz la lucha contra el cambio climático necesitará algo más que el acuerdo ya firmado.