TRIBUNA
Viñas, justicia y soberbia
E n relación con la noticia publicada por el Diario de León, recogiendo una sentencia del Tribunal Superior de Justicia que condena a la DO Bierzo a una indemnización a viticultores, debo hacer las siguientes precisiones a las extemporáneas declaraciones posteriores de la presidencia de la D.O. Bierzo:
1.- El altísimo nivel técnico de la sentencia aconseja que la presidencia de la DO se la lea entera, pues tanto en lo que respecta a los irrefutables fundamentos de derecho aplicados como en las cuestiones más específicas y técnicas de la viña y la elaboración del vino, nos da una lección a los que llevamos décadas dedicados a estos menesteres y, por supuesto, a los antaño técnicos de la DO, que nada pudieron alegar y que hogaño están ausentes.
2.- Pueden sentirse orgullosos los agricultores de la Justicia que les ampara, pues si un TSJ formado por cuatro magistrados elabora una sentencia de tan altísimo nivel, resulta más sorprendente todavía que una sola persona, la juzgadora de Instancia y responsable del Juzgado de lo Contencioso Nº 2 de León, haga lo mismo, en solitario y…!!sin que nadie le haya podido discutir una coma!! Ni en términos técnicos ni jurídicos, fácticos, de jurisprudencia o de aplicación de la norma. Y aunque en el procedimiento hayan comparecido expertos como Pedro Mitterbrun o Alejandro Luna, permítanme la licencia de decir que ¡ojalá pudiéramos disponer para dirigir la DO de alguien como la responsable del Juzgado Nº 2 de León. ¡Mejor nos irían las cosas!
3.- La presidencia de la DO debiera saber que la sentencia considera probado que el Consejo Regulador en el ámbito de sus competencias llevó a cabo actuaciones y acuerdos que implicaba el reconocimiento de las variedades experimentales para viticultores y bodegueros. Aprobó en pleno la inclusión de las cinco variedades experimentales, incluida la Merlot y Tempranillo y, aunque faltara el reconocimiento legal de la JCyL, la DO las promocionó, las incluyó en su propia página web, también las incluyó en cartilla, fueron calificadas por los veedores del Consejo en vendimia y, tácita o expresamente, se elaboraron vinos con dichas variedades mejorantes, en los porcentajes autorizados antes del 2007. Y, por si no fuera suficiente, las plantaciones fueron autorizadas por la JCyL bajo amparo de la DO Decir hoy lo contrario es faltar a la verdad.
4.- Sería importante que nos diga la DO si los responsables anteriores o los actuales se reunieron alguna vez con los viticultores reclamantes antes o después del 2010, para intentar llegar a algún acuerdo, pues bien pudiera ocurrir que hubiera reclamaciones verbales o escritas de estos, incluso desde el 2007, que fueron tiradas a la papelera en un claro acto de soberbia y contestadas siempre a través de abogado.
5.- Acto de soberbia es que el letrado ganador del juicio hubiera ido por dos veces en el 2009 y en el 2010 a intentar un arreglo amistoso, en nombre de sus clientes, sin que se entrevistara nadie con él. No es extraño así que el propio tribunal Superior haya impuesto las costas íntegramente a la DO.
6.- ¿A quien le corresponde ahora la responsabilidad de abonar los más de 20.000 euros de intereses? La sentencia dice literalmente: «Dicha cantidad (87.757,53 euros) devengará el interés legal del dinero desde la fecha de la reclamación el 10 de junio del 2010 hasta su efectivo pago». Las cifras se acercan o superan, por tanto, los 110.000 euros. ¿No tiene nadie ninguna responsabilidad?
7.- Está claro que la presidencia falta a la verdad cuando dice que el Consejo nunca admitió estas variedades, pero se atribuye además una responsabilidad que no le compete cuando dice que nunca se van a admitir en el futuro. Como si los viticultores, las bodegas, el propio Pleno que las autorizó en su día o el Pleno actual no pintaran nada, al margen de la última palabra que tiene la JCyL, que nadie discute.
En definitiva, sería bueno que dejáramos los actos de soberbia a un lado, que si sirven para algo es para demostrar que los juzgadores tienen toda la razón y la poca objetividad del CRDO con la realidad de los hechos y una realidad incuestionable es que el Bierzo tenía más de doce mil hectáreas de viñedo cuando no existía el CRDO y hoy apenas superamos las dos mil quinientas. Ese es el destino al que nos llevan decisiones equivocadas. El CRDO, que nadie pone en cuestión al menos yo, debiera plantearse si en vez de ser la solución está siendo parte del problema. No es el único culpable, ciertamente hay más y a lo mejor hay que seguir escribiendo.