TRIBUNA
Pactos y pechos

C uando un diplomático dice sí, quiere decir «quizá»; cuando dice quizá, quiere decir «no»; y cuando dice no, deja de ser diplomático. Cuando una dama dice no, quiere decir «quizá»; cuando dice quizá, quiere decir «sí»; y cuando dice sí, deja de ser una dama». Este texto divertido y volteriano si los hay, tiene un saber experiencial que podemos aplicar a toda esa gente, bienintencionada o no, que se dedica a la política. En general, ir a la política como todo «ir a», supone unos intereses motores que se traducen en objetivos de partido: objetivos que son de dos tipos: los generales que responden a las necesidades que la Nación tiene (siempre que se sepa lo que es una nación) y los específicos del partido que se suelen ocultar y que tienen que ver con la financiación, la conquista del poder y mantenerse en el mismo. Ya pueden decir lo que quieran. Los intereses del grupo son los primeros en la actividad que desarrollen y como el grupo está compuesto por individuos, los intereses personales (sueldo desmesurado, poder o impunidad en el alzamiento de bienes) se colocan en vanguardia. Ello no siempre es ilegal sino que la ley puede hacerse a medida o tener resquicios por los que escapar a su «imperio».
La Pajín, aquella simpática ministra de Sanidad casi analfabeta funcional que decía «diabetis» y se aseguraba el derecho a nombrar para un cargo a quien «le saliera de los cojones», dijo aquello de «nosotros que hemos antepuesto los intereses de la nación incluso a los de nuestro partido». Es la clara afirmación de esa realidad: nuestros intereses son lo primero y se deberá reconocer como algo heroico la renuncia a los propios para atender a los intereses nacionales. Ese «incluso» que se le escapó muestra unos objetivos y una praxis inequívoca hacia el beneficio del partido y el personal. La niña Leire Pajín jamás hubiera alcanzado tanto con tan poca preparación y sin más méritos que los del servicio al partido. Un golpe de suerte, un alegre desparpajo, un servicio asiduo al partido (nadie encuentra la página de su currículo estudiantil) y… a la cúpula del Gobierno, en un puesto para el que carece de la más mínima experiencia, y del lenguaje técnico imprescindible, para saber de qué se habla en esa área. Después, una donación sustanciosa a una institución de la ONU y un puesto generosamente remunerado en la misma Institución. ¡Todo legal! Escandaloso pero legal.
Pedro Sánchez lo dijo también en el eslogan de las elecciones municipales: «gobernar para la mayoría», es decir: «no para todos» sino para nosotros —el partido y los nuestros—. La nación… ¿qué es eso?
Cuando un político dice «sí», quiere decir «ya veremos». Si dice «ya veremos», será «no» si no hay beneficio económico o de clientela. Si dice «no» es también «ya veremos» porque puede ser sí, si conviene al partido.
Recurro a ejemplificar con los socialistas porque, siendo mendaces como todos los partidos, ocultan peor sus intenciones. Es decir tienen menos ingenuidad que simpleza. A la pregunta, ¿pactaría usted con Podemos si tuviera que formar gobierno?, hemos escuchado muchas veces una respuesta enérgica y casi irritada tal que: no pactaremos con partidos populistas o secesionistas o que no reconozcan la unidad de España; ese líder miente más que habla (refiriéndose a Pablo Iglesias)… etc. Pero todo son palabras que lleva el viento…, aunque, cuidadito: porque el viento es el dueño de la tierra, ZP dixit y Pixi y pinxit. Y así, por seguir con la imagen, se vende viento y humo por palabras de blabla.
Ahora que se sabe qué mayoría se quiere que gobierne y no es la suya, por la mente de los dirigentes socialistas y ante la tentación del poder, el «no» rotundo se sustituirá por «ya veremos; las circunstancias han cambiado; lo que no podemos hacer es…» y finalmente se pactará el «sí» por «réhponsabilidá», la palabra mágica y cínica hasta la saciedad que tanto le gustaba a Felipe. El sí, naturalmente, con Podemos. Al fin y al cabo todos somos de izquierdas. Siempre será mejor pactar con la izquierda que con un partido de derechas… porque, porque, al fin y al cabo, lo que importa es el Partido y no el país. He aquí un proceso por el que el socialismo vuelve a la radicalidad perdida tirando por la ventana su identidad. Podemos será su puntilla.
Desde la óptica de Podemos, el bipartidismo era corrupto hasta los tuétanos, por consiguiente: «hay que barrer; hay que limpiar; hay que acabar con el bipartidismo; acabaremos con los desahucios, etc, etc.». Así se expresaba el líder más o «memos» (más memos que Mas) hace cortos días. Pero la oportunidad de tocar poder es algo muy tentador.
Los pactos todos, se basan en corruptelas y perversión del lenguaje, como vimos claramente en la segunda legislatura de Zapatero que tuvo la osadía de intentar comprar el voto con aquellos famosos 400 euros, y llamar «accidente» al atentado terrorista. Fue él, siguiendo a Felipe, quien fundamentó una corrupción imperdonable: la del idioma. No importa lo que se diga. Siempre se puede negar lo que se dijo. Pero el asunto venía de atrás. Un Felipe obeso y sin glamur en el aparte cómodo de su propia riqueza, aseguró en una cadena de TV que si se presentara volvería a ganar las elecciones.
La situación del partido en el poder tiene rasgos muy parecidos, aunque en los últimos tiempos sus esfuerzos por convencer han sido loables. Pero aquella idea de Zaplana o de Pérez Villar (a la política he venido a forrarme), aunque tuviera su humorismo, dejó huella y avisó de las intenciones de toda la jarca que fue apareciendo agarrada a las tetas del presupuesto. El hedor que se extendió en torno a los dirigentes en los numerosos casos de corrupción no ha desaparecido, habida cuenta de que la justicia es lenta pero mala y corruptible por su dependencia de la política. Ji, ji. «Es poco higiénico entrar en algunos despachos del partido porque bajo la mesa hay un orinal de mierda» —me dijo un amigo que había entrado muchas veces en la Diputación.
El partido en el poder no siempre ha estado en el control de los mandos de la nave o —lo cual es muy grave— no ha sabido o querido librarse de todos los que acudieron al panal de rica miel del presupuesto, antes que la prensa, siempre vigilante, denunciara. Es muy cierto que el ejecutivo corrigió el rumbo que nos llevaba al despeñadero griego. Es cierto que ha devuelto su credibilidad al país y que, como el presidente dice, todo se ha hecho con el esfuerzo ingente de todos (todos significa los de siempre), pero no es menos cierto que miembros notables del partido están implicados en redes de corrupción hasta las cejas. Una parte importante de sus electores lo ha abandonado. Está recibiendo su castigo y se le plantea por delante, un delicado grupo de pactos que le permita gobernar. Es decir. Donde dije digo, digo Diego, como ocurrió con el asunto de las gabelas y la ley del aborto. Y es que el verbo latino pactare genera la palabra española pagar, y la otra muy española también que es «pechar». Y «pechar» durante toda la Edad Media, Moderna y Contemporánea significó «pagar pechos o impuestos». Me temo pues que el PP será partido pechero ante el PSOE, y éste pechero del PP o Podemos. No puedo imaginar que el Gobierno no haya escarmentado y quiera pagar más tributos a los partidos independentistas a quienes en buen criterio lo que les estaría reservado es una ley de disolución y expulsión de la vida política. No pueden aceptarse partidos que estén dispuestos a romper o suprimir arteramente el artículo uno de la Constitución y tengan como objetivo la secesión.