Diario de León
Publicado por
EMILIO GANCEDO
León

Creado:

Actualizado:

A ndan estos días Medea y Bruto, Raskolnikov y Bates, Gavrilo Princip y el londinense Jack muy atentos a lo que sucede en la Audiencia Provincial. Desde su asiento de siglos en los escaños de la historia o la literatura, los causantes de los más famosos crímenes sucedidos o imaginados conversan y debaten, y quizá hasta tienen las mismas dudas que nosotros, un poco desorientados ante esa llamada del 112 que nadie reconoce.

He aquí el más grande momento de León, y no por la cantidad de cámaras, grabadoras y presentadores con sello madrileño que atisban o espían desde cada rincón, en alerta perpetua al ser enviados a una tierra extrema y lejana (y que a veces hacen gala de enorme desconocimiento, a aquel que dijo: «León, esa ciudad en la que nunca pasa nada» yo le respondería: «León, esa ciudad en la que pasa de todo»). Seguro que a alguno le dieron ganas de meter el gorro de piel y las botas de trampero cuando le dijeron que tenía que irse a cubrir un juicio a estos Urales del Noroeste. Pero no, el momento es de oro por la ocasión que supone de darnos cuenta, de una vez por todas, de lo íntimamente podrida que está la sociedad en la que se ha gestado este asesinato. Sólo en un clima pequeño y viciado, donde las cosas se consiguen a base de enchufes y lametones, donde los tentáculos del partido en el poder llegan hasta el último ordenanza, donde alguien manejaba esas ventosas como látigo de nueve colas, donde la cuestión se plantea únicamente en términos de matar o ver morir a una hija al no poder acceder al Parnaso de la política de provincias, donde la madre nutricia, la mamma  sobreprotectora, protege a su criatura hasta el final (¡es todo tan mediterráneo, aun estando en esos sotomontes!)… Sólo en sitios como esos, mezquinos y depravados, ahogados en la parálisis y el caciquismo, en la despoblación y el mundo de las apariencias como modo principal de existencia, donde la civilización parece estarse pensando lo de hacer las maletas y la vida se mantiene como por inercia, ha podido producirse un delito tan delirante. Tan literario y cinematográfico.

Estamos tan pegados a los papeles y a las pantallas porque en realidad nos están juzgando a todos. Y lo sabemos.

tracking