Diario de León

TRIBUNA

De la ‘tortolla’ a las Cortes, pasando por Villalar

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Máximo soto calvo asociación pro identidad leonesa
León

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A l decir que Silvia Clemente es la autora de la «tortolla», nombre coloquial y un punto despectivo del escandallo con el que han querido unificar productos leoneses a los castellanos, estoy recogiendo una faceta de su actividad política en el ente autonómico como consejera de Agricultura. He preferido escoger ese término para nominar al amarillo y sobrepuesto rótulo de Tierra de Sabor, pues indica mejor el grado de imposición, cual sarpullido insufrible. En León región, y no sólo en la vertiente leonesista, se ha rechazo de plano, pero el ente juega con ventaja dineraria e impone normas.

En sus mejores momentos, la consejera, ha tratado de imponer el sello a los productores leoneses, a los consumidores directos de ellos y a los «intermediarios», esto es a los que han de usar los productos que lo soportan en la enorme faceta de la restauración. Para nosotros los leoneses de León, lo consiguió cuando Isabel Carrasco, como última obra, aunque esto no se supiera entonces, puso a su disposición para «entortollar» los Productos de León. De poco sirvieron las protestas, que las ha habido y bien estructuradas, en León, Zamora y Salamanca, con rigor triprovincial, aunque puede que sin pulsión regional política efectiva, si bien ahí están y bien ratificadas como la formulada por la Asociación Gastronómica Regional Leonesa.

Mas no va de modo especial por estos vericuetos deslustrados autonómicos el tema, en sí grave e importante, sino como introducción para mostrar al lector leonés a la citada consejera que fundiéndonos en el amarillo cerealista castellano, y emplearlo cual engrudo harinero, ha tratado de pegarnos más al ente, para con ello, y poco más, ganarse la presidencia de las Cortes autonómicas y de la Fundación Villalar, centro de nuestra diana.

Parece que la presidenta maneja como opción plausible para dar un giro a la fundación empezar por modificar el nombre. Esto es sustituir Villalar por el que sea. No sé si a tal fin propondrá un concurso de ideas, o los cerebros fundacionales a sueldo estarán bastante más allá de la elucubración; lo cierto es que plantearnos la duda ante la benignidad manifestada, dado el camino que nos han hecho recorrer, deberá ser de tan amplio espectro, al menos, como alargada ha sido la sombra de la fundación, en el tema identitario.

En su haber, valorable en positivo, es el reconocer públicamente que el nombre Villalar, con eco que suena a «degollina», no sólo no era el mejor, sino que suscitaba resquemores de todo tipo en los leoneses. El empecinamiento de los dirigentes del ente autonómico ha sido tal desde los inicios, que el raciocinio ha estado alejado de sus acciones, no sólo centrándose en Villalar, para fiesta y símbolo, sino para nominar una fábrica de identidad postiza, una singularidad imposible con la que luchan hasta el ridículo. Como si propiciar el hermanamiento entre castellanos y leoneses fuera insuficiente; al punto de buscar lo imposible: singularizar lo plural a empellones para crear un pueblo único.

Además del cambio de nombre, se propone un acercamiento a León. La pregunta es clara ¿acercamiento de qué? Nos han impuesto fundación y marca sin miramientos, desconsideradamente hacia todo lo leonés, por castellanización, de tal modo que todas las dudas del mundo permanecen entre nosotros. Muy considerada ella, y se agradece, dice que, en su cuatrienio, desde la fundación «se ha de contemplar la realidad que es León».

¿Esto quiere decir que antes León no era tenido en cuenta más allá de aparecer nominado tras Castilla? Es valiente, nos obstante, al reconocerlo, y no tardarán en frenarla los unitaristas autonomistas del ente a pesar de que con la «tortolla» les haya ayudado a imponer uniformidad. Pero la señora presidenta deja en el aire una duda: al decir León, ¿a cuál alude, al provincial del mismo nombre o al regional triprovincial que no se permiten ni nombrar?

Poder tiene para conseguirlo, la presidencia del legislativo lo ratifica, pero en política lo partidista condiciona y obliga. Los emergentes en el hemiciclo, que parecen haber asumido que todo está bien atado, León región de pies y manos sin criterio manifiesto más allá de lo castellanoleonés, están controlados. Esperemos que entre unas cosas y otras su llamativa propuesta no se quede en una especie de halago para intentar contentar a no sé qué León, en sus enredos autonómicos.

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