Historia y altura de miras
H ace cuarenta años, concretamente el siete de enero de 1976, el Pleno del Ayuntamiento de Ponferrada debatía una moción presentada por varios concejales que, refrendando una petición de varias decenas de ciudadanos, solicitaban se instase al Gobierno de España a conceder «la más amplia amnistía posible». La propuesta, que fue aprobada por unanimidad de los componentes de aquella Corporación, se fundamentaba en la necesidad de abrir una nueva etapa en la historia de España, en la reconciliación nacional y en el cambio renovador orientado al establecimiento de una sociedad plenamente democrática.
Traigo a colación este singular, o no tanto, episodio de nuestra historia local más reciente como ejemplo de la altura de miras que tuvieron los representantes políticos, que además, en este caso concreto, lo eran a título no profesional, en especialísimas circunstancias. Hacía escasamente un mes y medio que Franco había muerto, la inseguridad por lo que podía suceder era enorme y las posiciones políticas se encontraban todavía poco permeables al diálogo. En definitiva, el guión de lo que ocurriría más tarde estaba por escribir.
Es cierto que el Ayuntamiento de Ponferrada no fue el único que aprobó una moción de ese estilo. Muchos fueron los municipios, corporaciones profesionales, universitarias, incluso la Conferencia Episcopal, los que en aquel confuso y titubeante momento firmaron mociones de apoyo a la amnistía, siendo capaces de mirar más allá y atisbar, sólo atisbar, objetivos de convivencia común. Cuando hablas con alguno de aquellos munícipes ponferradinos del setenta y seis te cuentan que tenían claro que, muerto Franco, el cambio era imprescindible y que ese cambio no podía basarse en la división y el enfrentamiento sino que todos los españoles estaban llamados a construir su futuro, juntos. Y se pusieron manos a la obra.
La historia, magister vita, maestra de la vida, no tiene necesidad inexorable de repetirse, aunque a veces parezca increíble como se parecen procesos históricos entre sí separados por décadas o siglos. Sin embargo, sin ser el devenir histórico circular y repetitivo, el estudio del pasado se muestra como una herramienta imprescindible para el análisis de la actualidad.
En 2016, cuarenta años después de los hechos que evoco en estas líneas, la incertidumbre política también nos invade. Llevamos semanas escuchando la idea de la Segunda Transición, con mayúsculas y, la mayoría, alabando a los que concluyeron la Primera con éxito que fueron, no lo olvidemos, todos los españoles, no sólo las élites. No estaría de más que los que están protagonizando el actual proceso político en España dejasen de mirarse el ombligo, pensasen en el interés general y, de paso, bajasen de la estantería de su casa algún libro de historia. Les sorprendería saber como otros se enfrentaron a situaciones parecidas o más complejas que la actual y las consecuencias de aciertos y fracasos históricos.