león en Verso
Arvejos y nabicoles
Hay que volver a los tiempos en los que León cocía nabicoles igual que ahora engulle colágeno para asumir la derrota cultural; sin paliativos, a palo seco, como la copa de ginebra de última hora que se apura para tratar de rebajar la borrachera. A León le sacuden hasta los becarios, y otros aspirantes a directores generales de la comunicación especialistas en tierras conquistadas; se ha corrido la voz hasta los pasquines como el olor a células muertas se deja llevar por el viento a la nariz de los buitres y otras necrófagas de infantería; cualquier emérito elige un revolcón a la memoria y al presente de esta región menguante de gente menguante para avanzar en la tesina sobre colonos y colonizados. Ahí está Renfe que, además de gestionar trenes con retraso, se atreve a pintar líneas en el mapa y adaptar la geografía al rurún de la política que mejor le encaja a la cuenta de resultados. No se sabe qué extraña más, si la tardanza de los partidos políticos castellanistas, de respaldo mayoritario en las urnas, en lanzar un comunicado para contener la euforia por la disertación que reafirma sus tesis o la holgazanería de los leonesistas para reunir el comité ejecutivo y pedir por PNL la dimisión de la cúpula que organiza el panel ferroviario; y por ende, la del Ministerio de Fomento, del bedel a la azotea, y esta vez, no porque el tren viene por mono raíl. Promocionar León como elcorazóndeCastilla es igual de atrevido que llevar a Pelayo subido a lomos de un asturcón a arengar un after awer en la despedida de soltero de Almanzor. La edición pinta la ciudad con tonos ocres, la plaza mayor, a modo de espigón del malecón habanero, pero sin gente, y el barniz de los epígrafes despide un tufillo a recurso manido que podría servir igual para un reportaje sobre Canfranc (zona noble y de tal abolengo ferroviario que no admite discusión). Con el único recurso heroico de oponer picas a caballos, hay que replegarse a la montaña, donde se mantiene viva la lumbre cultural, que es el único acicate que ha movido a los pueblos y a las gentes a luchar por el legado de los padres, que es memoria y es mañana. Allí se sirven cocidos de arvejos, símbolo de aguante; paralelismo de aquella reflexión de Churchill cuando, con las bombas nazis sobre Londres, impidió recortar presupuesto en cultura. ¿Para qué se lucha, si no?