Prohibido pisar el monte
S oy montañés por parte de madre y riberiego por parte de padre, una juntanza muy frecuente en esta tierra de extremos —hablaremos otro día de este importante asunto, permanezcan atentos a su pantalla amiga—, pero a pesar de no haber conocido el pueblo materno, sepulto bajo pantano que mandara hacer Tito Paco, siempre nos sentimos todos muy unidos a los valles altos. No pude conocer el hermoso Lodares, aldea de teja y caliza con veinte hórreos a dos aguas sesteando a los pies de la Peña la Vega, porque la presa se cerró en el 68, pero debe de quedar algo en nuestra pinta porque una vez que andaba yo por Reyero, con 17 años, un paisano desconocido me echó el alto y afirmó más que preguntó: «Tú eres de Lodares» (respondí muy orgulloso que sí aunque luego era para recordarme un pleito que mantenía con mi güelo por unos praos y unas jatas, y ahí ya no le supe dar razón).
El caso es que tiramos mucho para arriba y se anduvieron múltiples sendas, y en concreto mis padres pisaron el monte de Pardomino, espectacular refugio de oso, lobo y faisán, en infinidad de fines de semana, venga roblones y hayas. Bien, pues resulta que para acceder a esos bosques ahora te lo tienen que autorizar. Hace falta la firma de no sé quién. Lo mismo ocurre en Hormas, en el pinar de Lillo y en otros lugares. Y si no llevas el papel reglamentario, te puede caer multa urticante. Prohibido pisar el monte.
Antes no tenía la gente dos camisas pero era libre de ir por donde quisiera y de cruzar puertos aquí y allá, siempre andando a todas partes. Hoy, en cambio, es el campo un completo vallado de normas y restricciones, o un coto inaccesible como el Valle del Marqués, ruta mítica para los montañeros leoneses, ahora terreno privado sin derecho de paso ni calzada histórica por medio, como si esto fuera Extremadura o La Mancha, fincas anchonas y silenciosas, y vengan señoritos al tiroteo, al ojeo y a la merendola.
Para andar, sello. Para pasar, cierre. Para hacer cualquier cosa, papeleo y sumisa solicitud de venia. Permiso, ¿se puede...? Quizá comprensible en áreas de afluencia masiva, ¡pero en los Mampodres! Y así, no extraña que algunos municipios pidan salirse del parque regional: lo que en principio iba a ser protección se convirtió en cárcel. Bellísima, sí, pero cárcel.