Diario de León
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EL CORRO PEDRO VICENTE
León

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V a para seis años desde aquel fatídico 10 de mayo de 2010 en el que José Luis Rodríguez Zapatero se cayó del caballo y, conminado por la Unión Europea y el FMI, dio un giro de 180 grados e inició la senda de los recortes en el gasto público y social, eso que unos llamaron austeridad y otros «austericidio». Una política de recorte y tente tieso mantenida y aumentada por el Gobierno de Mariano Rajoy, que ha llevado hasta el límite la desigualdad social y la precariedad salarial. Para colmo, cuando nos habían hecho creer que habíamos tocado fondo y que la crisis estaba quedando atrás, se cierne sobre el horizonte una nueva recesión y Bruselas está esperando a que haya gobierno en España para obligarnos de nuevo a meter la tijera en el gasto social.

Más allá de su detonante financiero, la crisis se agudizó especialmente en España por la extremada dependencia del sector inmobiliario, cuyo estallido disparó las cifras de desempleo, amén de arrastrar en su caída a la mayor parte de las cajas de ahorro. Vistos los estragos causados por la ‘burbuja inmobiliaria’, se convino que resultaba imprescindible promover un nuevo modelo productivo diversificado y protegido de la nociva dependencia del ‘ladrillo’. Sin embargo, un lustró más tarde nada se ha avanzado en esa dirección. En la práctica, se ha seguido parcheando la situación a la espera de que escampara, tocáramos fondo e iniciáramos una recuperación basada en la devaluación salarial.

En Castilla y León se ha perdido asimismo la oportunidad que ofrecía la crisis para atacar de raíz los males estructurales y diseñar un patrón de crecimiento adaptado a nuestros muchos recursos y potencialidades. Hemos seguido al albur de los acontecimientos y el resultado no ha sido otro que el agravamiento de dichos males, singularmente la sangría demográfica y los desequilibrios territoriales internos (35 puntos de renta separan a Burgos y Zamora y 18 a León y Valladolid).

Para más inri, se abandonó, justo cuando más falta hacía, el Plan de Convergencia Interior, instrumento contemplado en el Estatuto de Autonomía precisamente para ir corrigiendo esos desequilibrios territoriales. En estas seguimos cuando la Junta pone sobre la mesa «un pacto por la reindustrialización» que se propone elevar al 20 por ciento el peso de la industria en el PIB de la comunidad. En plena agonía del carbón, cuyos empleos alternativos han seguido brillando por su ausencia, cuéntenles a las comarcas mineras otra vez lo de la «reindustrialización»…

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